Por Gustavo Reinoso
Con inversiones que superan los US$ 160.000 millones en América Latina, China se convirtió en el principal socio comercial de la región. Es la primera potencia productiva del mundo y, en poco tiempo, será también la primera potencia económica y financiera.
Una herencia de la Guerra Fría
Al caer casi al mismo tiempo la dictadura stronista y la Guerra Fría, Paraguay heredó, como quien recibe una herencia sin beneficio de inventario, su estrecha relación diplomática, económica y de cooperación con la República de China (Taiwán).
Ya entonces el país iba a contracorriente. Entre fines de los años sesenta y comienzos de los setenta, los propios Estados Unidos y la mayoría de las potencias reconocieron a la República Popular China, dejando de lado al gobierno de Taipéi.
Ese proceso se consolidó el 25 de octubre de 1971, cuando la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 2758, que reconoció a la República Popular China como única representante legítima de China y le otorgó un asiento permanente en el Consejo de Seguridad, en lugar de Taiwán.
Hoy, Taiwán mantiene relaciones diplomáticas con apenas 12 países: Belice, Guatemala, Paraguay, Haití, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Islas Marshall, Palaos, Tuvalu, Esuatini y el Vaticano. Una red de aliados de escaso peso internacional.
Un Taiwán que también cambió
Hay que reconocer que Taiwán, como Paraguay, cambió en las últimas décadas. La dictadura militar de los sucesores de Chiang Kai-shek dio paso a una democracia constitucional. Y aunque Estados Unidos no mantiene relaciones diplomáticas con la isla, está comprometido por acuerdos bilaterales a apoyarla en caso de conflicto.
Paradójicamente, la economía taiwanesa floreció de la mano del extraordinario desarrollo de la China continental. Hoy el intercambio entre ambas es intenso, sobre todo en microchips y semiconductores: Taiwán es el principal proveedor de estos componentes para China, y contribuye así al auge tecnológico chino.
La «diplomacia de la chequera»
La relación de Paraguay con Taiwán se caracteriza por lo que se conoce como «diplomacia de la chequera»: a Taipéi le resulta barato mantener la fidelidad de los políticos paraguayos, financiando obras y proyectos aislados, sin mayores reclamos ante eventuales hechos de corrupción. Nada que se parezca a una inversión que transforme la economía del país.
Mientras tanto, Paraguay apuesta por proyectos como los grandes centros de datos para inteligencia artificial, que responden más bien a una lógica extractiva de nuestros recursos, en este caso la energía limpia y renovable, justo cuando los expertos advierten que la generación eléctrica podría no alcanzar para el propio consumo interno.
La ola de inversión china en la región
Desde 2005, China impulsa una ambiciosa política de inversión en infraestructura en América Latina. Hasta abril del año pasado, el Banco de Desarrollo de China había invertido US$ 165.000 millones en 260 proyectos en 21 países de la región. Algunos ejemplos:
- Puerto de Chancay (Perú): operativo desde junio de 2025, es la nueva puerta de salida de las exportaciones regionales hacia Asia. La estatal china Cosco controla el 60% de sus operaciones.
- Hidroeléctricas en Ecuador: Coca Codo Sinclair, Sopladora y Minas-San Francisco.
- Parque Solar Cauchari (Argentina): construido por Power China en Jujuy, es el mayor proyecto de energía solar de Sudamérica.
- Autopista norte-sur (Jamaica): une Kingston con Ocho Ríos.
- Metro de Bogotá (Colombia): en construcción, se habilitaría a comienzos de 2028.
- Ferrocarril bioceánico: en estudio, uniría el puerto brasileño de Santos con Chancay, a lo largo de 3.775 kilómetros.
Paraguay, al margen
Paraguay queda fuera de toda esta ola de inversión por su vínculo con Taiwán. Mientras tanto, sus grandes vecinos, Argentina y Brasil, mantienen desde hace décadas estrechas relaciones económicas con China, sin importar la orientación ideológica de sus gobiernos de turno.
El ejemplo de El Salvador
Hay un ejemplo latinoamericano que muestra cómo manejar la cuestión de China y Taiwán. El Salvador, antiguo aliado de Taipéi, mantiene hoy con el presidente Nayib Bukele una relación de cooperación con China.
El símbolo más visible es la nueva Biblioteca Nacional, construida íntegramente con fondos no reembolsables chinos. Los puertos de Acajutla y La Unión se volvieron estratégicos para el comercio chino en la región.
Al mismo tiempo, Bukele se muestra como un aliado leal de Washington, respaldando sus políticas migratorias y de seguridad. Su caso demuestra que es posible mantener buenas relaciones con ambas superpotencias.
Hace falta un cambio
Los sectores productivos del país, especialmente los exportadores de granos y de carne, insisten en la conveniencia de acceder directamente al mayor mercado de consumidores del mundo. Hoy Paraguay llega a China a través de terceros países, lo que reduce el precio que reciben nuestros productos.
Sin embargo, el gobierno paraguayo se muestra sumiso ante la diplomacia estadounidense, que prefiere mantener el statu quo con Taiwán. Así, el país deja escapar la oportunidad de aprovechar la expansión de la que apunta a ser, si no lo es ya, la economía más importante del mundo.






