El reporte sobre tortura en Nicaragua elaborado por el Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más reveló que al menos 158 personas padecieron tratos degradantes y castigos físicos en centros de detención del país centroamericano. La investigación documentó casos sucedidos a lo largo de un lustro de persecución institucional, concentrando la mayor cantidad de víctimas en ciudadanos menores de 40 años que se manifestaron en protestas sociales.
De acuerdo con la información recabada por el Observatorio Nicaragüense contra la Tortura, las detenciones afectaron de manera desproporcionada a la juventud que participó en las movilizaciones iniciadas en abril de 2018. El rango comprendido entre los 19 y los 29 años registró 63 expedientes, mientras que otras 55 víctimas tenían entre 30 y 39 años al momento de su aprehensión. En total, 120 de las personas estudiadas no alcanzaban las cuatro décadas de edad.
Perfil de las víctimas y antecedentes del hostigamiento estatal
El relevamiento identificó una amplia variedad de perfiles sociales entre los afectados por la represión estatal. La nómina incluyó a estudiantes universitarios y secundarios, docentes, personas dedicadas al agro, albañiles, choferes, activistas humanitarios e incluso adultos mayores jubilados. En el aspecto legal y de género, el colectivo registró a 130 varones y 28 mujeres, entre las cuales figura una mujer trans.
Los antecedentes muestran que la violencia formó parte de un esquema previo de seguimiento contra voces opositoras. Un total de 123 víctimas denunció que antes de la privación de libertad experimentó asedio domiciliario, amenazas explícitas y vigilancia permanente por parte de fuerzas policiales o grupos paraestatales. Además, 153 de las 158 personas registradas habían participado en protestas callejeras, campañas de denuncia digital o pegatinas contra el oficialismo.
Dos adolescentes menores de edad permanecieron más de un mes recluidos e incomunicados de sus familias, sin haber pasado por proceso penal alguno. Por otra parte, nueve personas de entre 60 y 69 años fueron apresadas y maltratadas a pesar de sufrir dolencias previas graves como diabetes, afecciones cardíacas, insuficiencia renal o hipertensión arterial crónica.
Métodos físicos y mecanismos de tortura en Nicaragua
La organización civil indicó que la tortura en Nicaragua inició en la gran mayoría de los casos desde el operativo de arresto. Cerca del 86 % de las personas afectadas sufrió golpizas, amenazas con armas letales e intimidaciones directas al ser capturadas en sus viviendas o en la vía pública. Agentes de la Policía Nacional, acompañados en ocasiones por efectivos militares o personal parapolicial, intervinieron en estas acciones en 31 municipios.
Los testimonios describieron más de cuarenta métodos de suplicio implementados en comisarías, cárceles y centros clandestinos como los conocidos edificios Chipote Viejo y Chipote Nuevo. Las agresiones físicas más reiteradas fueron los golpes propinados con culatas de fusil, varillas de hierro, tonfas y ladrillos, provocando fracturas de nariz, costillas y pérdida de piezas dentales en al menos 130 víctimas.
El documento también detalló la aplicación de descargas de corriente eléctrica en extremidades y partes íntimas a 15 personas. Asimismo, se comprobaron 18 casos de quemaduras con cigarrillos y plástico derretido, 17 denuncias de suspensión forzada de pies y manos y 12 situaciones de asfixia mediante bolsas plásticas o inmersión en agua, constituyendo agresiones físicas y biológicas severas.
Presión psicológica, aislamiento y amenazas a grupos familiares
El informe detalló que el aparato represivo intensificó el uso de tácticas psicológicas destinadas a quebrar emocionalmente a las personas privadas de libertad. Unas 84 víctimas recibieron amenazas directas de muerte, mientras que en 46 expedientes las intimidaciones se extendieron hacia sus hijos o familiares directos mediante la exhibición de fotografías personales tomadas por los captores.
Al menos nueve detenidos padecieron simulacros de fusilamiento, práctica en la que eran colocados de rodillas y apuntados con armas mientras se efectuaban disparos al aire. A su vez, 66 personas sufrieron regímenes prolongados de aislamiento solitario e incomunicación, acompañados de privación sistemática de alimentos aptos, agua potable y medicinas esenciales requeridas para enfermedades preexistentes.
Para los defensores de derechos humanos, la persistencia de estos métodos evidencia una política orientada a castigar la disidencia ciudadana. La documentación de estos 158 casos constituye un registro histórico para futuras demandas de justicia en tribunales internacionales.
Datos clave
- 158 casos documentados: El informe del Colectivo Nicaragua Nunca Más verificó que 120 de las víctimas tenían menos de 40 años al momento del arresto.
- Métodos comprobados: Se identificaron golpizas con objetos contundentes, descargas eléctricas, quemaduras, asfixia húmeda y simulacros de ejecución.
- Extensión territorial: Los abusos ocurrieron en 33 centros policiales y siete penitenciarios distribuidos en 14 departamentos de Nicaragua.
- Intimidación a familias: Decenas de detenidos denunciaron amenazas de agresión o muerte dirigidas contra sus propios hijos durante los interrogatorios.






