La vulnerabilidad que sufren los ancianos en Cuba se agudizó debido al acelerado cambio demográfico y al deterioro económico en la isla. La combinación de pensiones insuficientes, desabastecimiento generalizado y la emigración de familiares dejó a este sector en una situación de desamparo extremo. La crisis repercute tanto en el acceso a la alimentación básica como en la atención médica cotidiana.
Impacto del envejecimiento sobre los ancianos en Cuba
El envejecimiento poblacional en el país caribeño avanza a un ritmo sin precedentes en la región. Según datos proporcionados por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), al cierre de 2024 el 25,7 % de los habitantes tenía 60 años o más. Esta cifra ubica a la nación entre las sociedades más envejecidas de América Latina.
Diversos factores explican este cambio en la estructura demográfica. Por un lado, la baja tasa de natalidad reduce la base de jóvenes, mientras que la continua salida de ciudadanos en edad productiva vacía las redes de soporte familiar. Al mismo tiempo, el incremento en la esperanza de vida eleva las necesidades de asistencia para personas de edad avanzada.
Esta transformación genera una fuerte sobrecarga en los servicios de asistencia social. Atender afecciones crónicas y asegurar tareas del hogar demanda una infraestructura con la que el Estado apenas cuenta, según advierten estudios del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).
Inflación y desabastecimiento de insumos básicos
Los haberes jubilatorios quedaron completamente desfasados frente a la persistente suba de precios en el mercado informal. En este circuito no oficial se comercializa la mayor parte de las provisiones elementales, cuyos costos superan ampliamente las pensiones fijadas por el gobierno.
Ante la imposibilidad de cubrir los gastos mínimos de subsistencia, se multiplicaron los casos de personas mayores que piden auxilio en espacios públicos. Es frecuente observar a jubilados solicitando comida o dinero en las calles y locales comerciales, al no contar con ingresos para adquirir alimentos indispensables.
A este cuadro se suma la marcada escasez de medicamentos. Quienes padecen patologías crónicas enfrentan dificultades severas para conseguir fármacos esenciales, lo que agrava rápidamente sus condiciones de salud física y mental.
Soledad y quiebre de las redes de apoyo
La salida masiva de cubanos al exterior dejó a miles de adultos mayores viviendo en soledad absoluta. Sin parientes que puedan cuidarlos o aportar dinero directamente, muchos dependen de la caridad de vecinos, conocidos o agrupaciones religiosas para alimentarse día a día.
Por otra parte, las instituciones geriátricas existentes no dan abasto frente a la creciente demanda asistencial. En varias ciudades se constata que ancianos sin vivienda terminan pernoctando a la intemperie, al carecer de un techo adecuado y de amparo estatal suficiente para subsistir.
El problema que viven los ancianos en Cuba refleja tensiones demográficas que también conciernen a otros países de la región, incluido Paraguay. Las experiencias en políticas de previsión social y cuidado de la tercera edad demuestran que, sin sistemas de retiro sustentables y redes de salud robustas, el cambio generacional compromete el bienestar de las poblaciones más frágiles.
Datos clave
- 25,7 % de la población cubana superaba los 60 años al término de 2024, según registros de la ONEI.
- Pérdida de poder adquisitivo por la inflación en el mercado informal frente a pensiones oficiales que resultan insuficientes.
- Éxodo migratorio que deja a miles de adultos mayores sin cuidados directos de parientes cercanos.
- Falta de fármacos e insumos para el tratamiento de enfermedades crónicas en el sistema de salud.






