El volcán Kilauea experimentó una seguidilla de casi un centenar de movimientos sísmicos acompañados por una intrusión magmática subterránea en su cumbre, según confirmaron los científicos en Hawái. La secuencia de temblores superficiales alcanzó una magnitud máxima de 3,4 en la escala de Richter y encendió los sistemas de vigilancia técnica. Las autoridades confirmaron que el proceso geológico no generó nuevas fracturas eruptivas externas.
Especialistas del Servicio Geológico de Estados Unidos informaron que el fenómeno se concentró debajo del cráter Halemaʻumaʻu y en el sector noroeste de la caldera Kaluapele. La intensificación de las señales ocurrió principalmente durante el horario nocturno, cuando los equipos de medición detectaron deformaciones rápidas y sostenidas en la estructura volcánica.
Enjambre sísmico bajo la cumbre volcánica
El reporte oficial de los vulcanólogos detalló un total de 98 terremotos superficiales contabilizados en un lapso de 24 horas dentro del área de la cumbre. El primer grupo de eventos telúricos comenzó a registrarse a unos 1,5 kilómetros de profundidad debajo de los respiraderos activos, acumulando más de treinta movimientos en aproximadamente seis horas.
Posteriormente, el enjambre se desplazó hacia el sector noreste, donde se identificaron más de cincuenta sacudidas adicionales durante casi ocho horas consecutivas. El sismo más potente se produjo a una profundidad estimada de 1,4 kilómetros, lo que provocó que al menos una treintena de habitantes locales reportaran haber sentido la vibración del suelo.
Movimiento magmático bajo el cráter del volcán Kilauea
El avance subterráneo de roca fundida generó una notoria alteración en la superficie terrestre sin llegar a expulsar material incandescente en nuevos puntos. Los inclinómetros instalados en la cumbre del volcán Kilauea revelaron una acelerada variación que coincidió con la apertura o ensanchamiento de fracturas en dirección este y oeste.
Los instrumentos registraron una deformación de 38,5 microradianes durante las horas de mayor presión, junto a un sensible aumento del temblor volcánico que caracteriza el desplazamiento de fluidos. Una inspección aérea posterior con cámaras térmicas corroboró que las emisiones no abrieron bocas adicionales ni provocaron incrementos inusuales de calor en la caldera.
Alerta vigente y vigilancia de nuevos episodios
El complejo geológico mantiene una presión interna considerable que podría derivar en una fase renovada de fuentes de lava en los respiraderos preexistentes. Desde finales de 2024, el conducto ha presentado ciclos intermitentes de actividad efusiva separados por pausas de varias semanas de relativa calma.
Durante la reciente intrusión, los respiraderos situados al norte y sur mantuvieron desbordamientos de lava, salpicaduras y luminosidad constante en el fondo de la caldera. Al mismo tiempo, los sectores oriental y suroccidental permanecen estables y sin indicios de desplazamientos de magma hacia zonas pobladas.
El observatorio vulcanológico ratificó el nivel de alerta WATCH y el código de advertencia naranja para la navegación aérea comercial. La coordinación entre los geólogos y las fuerzas de protección civil garantiza el monitoreo permanente ante posibles variaciones imprevistas en el comportamiento del coloso hawaiano.
Datos clave
- El Servicio Geológico de Estados Unidos detectó 98 terremotos superficiales en la cumbre en un lapso de 24 horas.
- El temblor de mayor magnitud alcanzó 3,4 a una profundidad estimada de 1,4 kilómetros.
- La intrusión de magma se desplazó bajo el cráter Halemaʻumaʻu sin generar nuevas salidas de lava en superficie.
- Las autoridades mantienen el nivel de alerta WATCH y el código de aviación en color naranja.






