La violencia en la crianza afecta de manera directa al 54,9% de los niños y adolescentes en República Dominicana, de acuerdo con una profunda investigación presentada por Unicef en la ciudad de Santo Domingo. La cifra cobra dimensiones aún más críticas entre la población infantil con discapacidad, donde el índice de agresiones trepa hasta el 72%. Las autoridades del organismo internacional advirtieron que estas conductas no constituyen episodios aislados sino pautas cotidianas normalizadas en los hogares.
Métodos físicos y castigos corporales detectados en los hogares
El relevamiento técnico fue desarrollado mediante un estudio cualitativo en los distritos de Boca Chica, Barahona, Haina y Yamasá. La selección de estas comunidades respondió a criterios de vulnerabilidad socioeconómica y mediciones previas de conflictividad intrafamiliar. A través de entrevistas y testimonios directos, los especialistas constataron el uso habitual de golpes con las manos y el empleo de diversos elementos domésticos.
Entre los instrumentos utilizados para infligir castigo figuran calzados, varas, cables, mangueras y utensilios de cocina tales como cucharas o platos. Asimismo, el informe documentó prácticas extremas que comprometen la integridad física, incluyendo quemaduras, descargas eléctricas y la obligación de arrodillarse por horas sobre superficies ásperas con peso encima. La representante adjunta de Unicef, Anyoli Sanabria, remarcó que semejantes acciones sobrepasan cualquier concepto pedagógico o disciplinario.
Agresiones verbales y daño psicológico en el desarrollo infantil
El maltrato no se limita a las marcas visibles en el cuerpo de los menores. La investigación expone que los insultos, los gritos reiterados y las amenazas de abandono forman parte del repertorio cotidiano que padecen miles de infantes. Frases descalificadoras dirigidas a anular la autoestima de los hijos deterioran de manera severa su bienestar emocional y su proceso de maduración.
Según puntualizó Sanabria, muchos progenitores encubren la violencia en la crianza bajo el argumento de la corrección moral. Sin embargo, la funcionaria subrayó que denominar educación a los agravios sistemáticos perpetúa patrones nocivos y oculta situaciones evidentes de maltrato. Estas manifestaciones se producen en el ámbito íntimo del hogar y en ocasiones se ven agravadas por prejuicios discriminatorios vinculados al origen étnico o la identidad personal.
El impacto de la violencia en la crianza en el entorno familiar
La erradicación de la violencia en la crianza representa un desafío complejo debido a su profundo arraigo en las pautas de socialización comunitaria e influencias culturales. Aunque la investigación comprobó una mayor incidencia en sectores con escasos recursos económicos, las agresiones atraviesan transversalmente a todos los estratos socioeconómicos de la sociedad. Diversas creencias religiosas y presiones del entorno barrial contribuyen a legitimar estos tratos como si fuesen inevitables.
Para responder a esta problemática, el organismo de Naciones Unidas planteó cinco líneas prioritarias de intervención en los niveles legislativo, comunitario y personal. El propósito esencial radica en promover esquemas de disciplina positiva basados en el respeto mutuo. Especialistas en niñez advierten que un entorno hostil en los primeros años de vida aumenta drásticamente el riesgo de reproducir conductas violentas contra futuras parejas e hijos durante la etapa adulta.
Datos clave
- Alcance masivo: el 54,9% de los menores de 1 a 14 años sufrió algún tipo de violencia intrafamiliar en República Dominicana, cifra que escala al 72% en casos de discapacidad.
- Prácticas extremas: el informe registró golpizas con cables, mangueras y utensilios, además de quemaduras, choques eléctricos y posturas corporales forzadas durante horas.
- Afectación psicológica: las amenazas de abandono y las humillaciones verbales constantes deterioran gravemente la salud emocional y cognitiva de los niños.
- Propuesta integral: Unicef planteó un plan de cinco ejes para transformar las normativas legales y los patrones culturales que justifican el castigo como método educativo.






