El vino artesanal elaborado con frutas tropicales se consolidó como un negocio formal en El Salvador gracias a la iniciativa de Mario Peralta y su pareja, una ingeniera en alimentos. Lo que comenzó como una fórmula doméstica compartida en reuniones decembrinas se transformó en Masat, una microempresa que comercializa bebidas fermentadas a base de flor de Jamaica, tamarindo y maracuyá en comercios de la capital salvadoreña.
Esta experiencia productiva muestra cómo los saberes familiares pueden convertirse en iniciativas sostenibles. El modelo resulta cercano a la realidad de Paraguay, donde las pequeñas empresas familiares exploran agregados de valor sobre la materia prima local para ingresar a canales formales de comercialización y diversificar la gastronomía autóctona.
El origen del vino artesanal en celebraciones familiares
La preparación nació en el entorno del cantón de Aguilares, en las afueras de San Salvador. En el año 2017, el padre de Peralta recreó una antigua fórmula que pertenecía al abuelo de la familia, pensada exclusivamente para compartir con sus parientes durante los festejos de fin de año.
Aquel fermento original utilizaba flor de Jamaica y carecía de fines mercantiles. Sin embargo, la fórmula cobró un nuevo sentido mientras Peralta cursaba Ingeniería Civil en la Universidad de El Salvador. Junto con su pareja, decidió presentar la propuesta dentro de una feria universitaria de emprendimientos, espacio donde captó el interés de alumnos y docentes.
Tras esa primera validación académica, los jóvenes iniciaron la venta de pequeños lotes caseros. Para reducir costos, solicitaban botellas vacías a restaurantes y hoteles, al tiempo que creaban las etiquetas con herramientas digitales gratuitas para cubrir gastos de sus estudios.
De microlotes caseros a la planta propia de producción
El crecimiento paulatino de los pedidos motivó a los fundadores a edificar una planta propia entre 2023 y 2024. La construcción se realizó en el terreno de los padres de Peralta, situado en Aguilares, adaptando los espacios a las exigencias normativas vigentes.
Para avanzar hacia el comercio formal, los emprendedores tramitaron los permisos sanitarios y registros obligatorios para elaborar bebidas bajo procesos de fermentación controlada. En este proceso, incorporaron nuevos perfiles de frutas tropicales como el tamarindo y la maracuyá, adaptando los niveles de dulzor al gusto de los consumidores locales.
La marca, bautizada Masat en alusión a la palabra náhuat que significa venado, recurre a insumos de entre cinco y seis productores de la zona. A inicios de 2026, Peralta dejó su carrera en ingeniería civil para dedicarse por completo a la expansión del vino artesanal.
Impacto en el mercado y canales comerciales
Actualmente, la firma ubica sus productos en cafeterías, hoteles y tiendas especializadas de bebidas en San Salvador. La variedad de maracuyá encabeza el volumen de ventas, consolidando una oferta que busca diferenciarse del tradicional vino de uva importado.
La iniciativa refleja la tendencia de valorizar materias primas autóctonas mediante procesos técnicos rigurosos. En economías con fuerte peso de la microempresa, como sucede en Paraguay con los derivados frutícolas y la caña, estos proyectos evidencian la viabilidad de profesionalizar fórmulas tradicionales sin perder la identidad comunitaria.
Datos clave
- Inicio familiar: La receta original fue recreada en 2017 por el padre de Mario Peralta en Aguilares para fiestas familiares.
- Impulso universitario: El proyecto comercial despegó en una feria de la Universidad de El Salvador con botellas recicladas.
- Sabores locales: La línea incluye fermentados de flor de Jamaica, tamarindo y maracuyá elaborados con insumos locales.
- Planta habilitada: Entre 2023 y 2024 construyeron su centro de producción y obtuvieron los registros sanitarios correspondientes.
- Dedicación exclusiva: A comienzos de 2026, Peralta renunció a la ingeniería civil para gestionar la marca a tiempo completo.






