El trasplante de tejido ovárico hizo posible que una mujer británica se convirtiera en madre tras conservar sus muestras biológicas durante veintitrés años. Kassandra Bacon, de 44 años, dio a luz a su hijo Landon en el Reino Unido, marcando un hito para la medicina reproductiva internacional. La paciente había congelado partes de sus ovarios en su adolescencia para preservar su fertilidad antes de afrontar una agresiva quimioterapia.
La decisión médica se originó cuando la mujer tenía 17 años y recibió un diagnóstico de linfoma de Hodgkin. Pese a una remisión inicial, la enfermedad reapareció con severidad un año después y requirió un tratamiento oncológico inmediato. Ante la falta de tiempo para congelar óvulos convencionales, la joven optó por preservar biopsias ováricas con el apoyo de la cirujana Sara Matthews.
Las barreras regulatorias y el traslado internacional
El tratamiento oncológico que salvó la vida de Bacon provocó una menopausia precoz cuando ella alcanzó los 33 años. Aunque su cuerpo estaba libre de cáncer, no contaba con la posibilidad de concebir sin recurrir al material resguardado en su juventud. Sin embargo, la intervención inicial se había ejecutado antes de que existiera una normativa específica en suelo británico, lo que impidió concretar el procedimiento en hospitales locales.
Con la colaboración continua de su médica tratante, se gestionó la derivación de las muestras al Centro Médico Sheba, ubicado en Ramat Gan, Israel. Aunque las tensiones geopolíticas de finales de 2023 retrasaron temporalmente el plan, la cirugía se concretó con éxito durante una tregua en mayo de 2024. Pocas horas después de su vuelo de regreso a territorio británico, las hostilidades se reanudaron en la zona.
El procedimiento del trasplante de tejido ovárico
Esta técnica quirúrgica consiste en extraer y criopreservar fragmentos corticales del ovario en nitrógeno líquido para su posterior reinserción. Al reimplantarse cerca de la zona ovárica original, el tejido reconecta su irrigación sanguínea y estimula la reactivación de los ciclos menstruales regulares. Diversos análisis clínicos señalan que la reactivación hormonal se logra en más del 90 % de las pacientes intervenidas.
A nivel global, la comunidad médica registra más de dos centenares de nacimientos logrados mediante un trasplante de tejido ovárico exitoso. En este caso particular, la paciente recuperó su menstruación pocos meses después de la intervención quirúrgica en Medio Oriente. Posteriormente, la pareja recurrió a la fecundación in vitro para consolidar la gestación tras tres ciclos médicos especializados.
Esperanza para pacientes oncológicos jóvenes
El nacimiento de Landon representa un precedente relevante para la preservación de la fertilidad en adolescentes que enfrentan terapias oncológicas severas. La especialista Sara Matthews destacó que el aumento en la sobrevida infantil y juvenil exige garantizar alternativas para la vida adulta posterior. La posibilidad de planificar una familia biológica forma parte integral de la recuperación y bienestar de quienes superan patologías complejas.
La historia ha generado interés en la comunidad científica y en familias que atraviesan tratamientos similares en diversas partes del mundo. Para los profesionales de la salud, este caso demuestra la viabilidad del tejido criopreservado durante lapsos prolongados que superan las dos décadas. La tenacidad de la paciente permitió sortear obstáculos legales, logísticos y médicos a lo largo de un proceso de más de diez años.
Datos clave
- Hito médico: Se trata del primer nacimiento documentado derivado de tejido ovárico almacenado durante más de dos décadas.
- Origen del caso: La paciente congeló biopsias a los 18 años debido a un tratamiento de quimioterapia por linfoma de Hodgkin.
- Cirugía en el exterior: La reimplantación se llevó a cabo en Israel ante la falta de habilitación regulatoria previa en Reino Unido.
- Consolidación: El embarazo se concretó mediante fecundación in vitro tras restablecerse la función hormonal de la mujer.






