Las consecuencias del terremoto en Panamá golpearon con dureza a las familias damnificadas tras confirmarse el fallecimiento de un bebé de dos meses en un campamento improvisado. El trágico episodio ocurrió en la barriada San Antonio, dentro de la provincia de Veraguas, donde numerosos ciudadanos permanecen a la intemperie por temor a nuevos derrumbes. La madre del lactante se había instalado bajo plásticos protectores debido a los daños que sufrió el edificio multifamiliar donde habitaban.
Condiciones precarias en los campamentos temporales
El recién nacido presentaba un cuadro de hidrocefalia y delicadas complicaciones de salud previas, aunque los informes médicos todavía no han determinado la causa exacta del deceso. La madre del pequeño había decidido abandonar su departamento situado en el cuarto piso, atemorizada por la inestabilidad de la estructura tras el temblor.
Los vecinos de la zona habitan en refugios construidos con lonas plásticas de color azul que resultan insuficientes ante las constantes precipitaciones pluviales. Quienes pernoctan en estos espacios señalan que las noches resultan frías y húmedas, mientras que durante las horas de sol el calor bajo los toldos se vuelve asfixiante e insalubre.
La crisis humanitaria tras el terremoto en Panamá
El impacto del terremoto en Panamá movilizó a diversos organismos internacionales para evaluar la situación de los sectores más vulnerables. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia advirtió que cerca de 38.000 personas necesitan asistencia urgente, incluyendo a más de 8.300 niños, niñas y adolescentes dispersos en las regiones perjudicadas.
Los especialistas de la entidad alertaron sobre los riesgos derivados del desplazamiento forzoso, tales como la falta de agua potable, la interrupción de tratamientos pediátricos y la carencia de albergues seguros. En coordinación con las instituciones locales, se enviaron cuadrillas adicionales para distribuir insumos básicos y proveer soporte psicológico a los menores damnificados.
Daños estructurales y lenta reconstrucción estatal
El movimiento telúrico de magnitud 7,5 ocurrió el 9 de octubre al mediodía, con epicentro localizado en la provincia de Los Santos. El sismo sacudió gran parte del territorio y provocó averías severas en viviendas, centros de salud, redes de agua corriente y edificios escolares en Veraguas, Coclé, Herrera y la península de Azuero.
Aunque el gobierno panameño puso en marcha programas de edificación de soluciones habitacionales, los afectados reclaman mayor celeridad ante las inclemencias del tiempo. En cuanto a las pérdidas humanas vinculadas directamente al derrumbe de mampostería, las autoridades sanitarias habían confirmado previamente la muerte de Elena Barría, de 68 años, en el distrito de Macaracas.
El retorno a las actividades escolares comenzará de manera paulatina una vez concluyan las pericias técnicas en las escuelas. Sin embargo, las secuelas del sismo obligan a replantear los protocolos de emergencia para evitar que las familias continúen desprotegidas en asentamientos informales.
Datos clave
- Víctima vulnerable: un bebé de dos meses con hidrocefalia falleció mientras permanecía en una carpa improvisada en Veraguas.
- Población en riesgo: Unicef calcula que 8.300 menores de edad requieren ayuda humanitaria urgente tras el desastre.
- Magnitud del evento: el sismo de 7,5 grados afectó severamente viviendas e infraestructura en cuatro provincias panameñas.
- Demora en soluciones: los damnificados exigen mayor velocidad en la construcción de viviendas para abandonar los toldos plásticos.






