La planta nuclear de Cuba en Juraguá representa uno de los testimonios más visibles sobre los intentos fallidos del régimen por alcanzar la autosuficiencia energética. El proyecto, anunciado por Fidel Castro en 1982 en la provincia de Cienfuegos, pretendía cortar la dependencia del petróleo extranjero con el financiamiento y la tecnología de la Unión Soviética. Cuatro décadas después, la enorme estructura de hormigón permanece desierta mientras los cortes masivos de electricidad castigan a la población insular.
Los apagones constituyen un problema crónico en la isla desde los años ochenta, aunque el escenario se agravó notablemente por el deterioro de la infraestructura y las restricciones internacionales a la compra de crudo. Cuando las obras arrancaron en el centro sur del país, las autoridades proyectaban que la central generaría cerca del 15 % de la energía eléctrica nacional. Aquella obra inicial formaba parte de un plan más amplio que contemplaba edificar tres complejos nucleares en el territorio cubano.
El recuerdo de los trabajadores en la Ciudad Nuclear
Alrededor del reactor inconcluso todavía subsiste la denominada Ciudad Nuclear, un asentamiento levantado para albergar a miles de técnicos, obreros e ingenieros. Quienes participaron de la faena recuerdan con pesar la interrupción definitiva de las tareas y el desperdicio de sumas millonarias de capital. Luis Vargas, un electricista que prestó servicios en el lugar, rememoró ante la prensa internacional el dolor que genera observar la estructura abandonada tras el esfuerzo invertido.
El cierre oficial fue comunicado directamente por Castro a las cuadrillas asignadas tras la desintegración del bloque socialista. Francisco Pérez, otro de los antiguos operarios del predio, relató que el entonces gobernante acudió a explicar la inviabilidad financiera y la obligación de clausurar las obras. A pesar del hermetismo de aquellos años, en uno de los muros exteriores aún se lee la inscripción bilingüe que proclamaba que el átomo debía ser obrero y no soldado.
Tensiones con Washington y el impacto de Chernóbil
La cercanía geográfica de la planta nuclear de Cuba desató inquietudes inmediatas en la administración estadounidense, debido a que se ubicaba a unos 320 kilómetros de los cayos de Florida. Las dudas sobre la seguridad de las instalaciones crecieron en Washington, a pesar de que el territorio norteamericano ya operaba desde 1972 la central de Turkey Point en Homestead, también situada a escasa distancia marítima de la isla caribeña.
El desastre de Chernóbil en 1986 profundizó el recelo internacional hacia la tecnología nuclear soviética. Sin embargo, en aquel momento la Comisión Reguladora de Energía Nuclear de Estados Unidos informó al Congreso que el modelo previsto para Juraguá guardaba similitudes con los reactores de Occidente y no suponía un riesgo semejante a la catástrofe ucraniana. Más tarde, en 1995, el portavoz del Departamento de Estado, Nicholas Burns, ratificó que persistían serias reservas sobre la capacidad técnica de La Habana para operar el sitio de forma segura.
La matriz atómica en el continente y el déficit actual
La búsqueda de energía mediante reactores atómicos ha sido un camino transitado por diversas potencias del hemisferio. Estados Unidos opera en la actualidad 54 centrales en 28 estados que aportan el 18 % de su consumo interno, mientras que Canadá cuenta con 17 reactores que cubren el 15 % de su demanda. En Latinoamérica, México mantiene activa la central de Laguna Verde en Veracruz, Argentina cuenta con Atucha I y Embalse, y Brasil genera más de dos mil megavatios con las dos unidades de Angra.
Esa capacidad instalada en Brasil equivale prácticamente a la totalidad del faltante energético que golpea hoy a los hogares cubanos. De acuerdo con la empresa estatal Unión Eléctrica, el déficit diario de suministro ha llegado a superar los 2.130 megavatios en jornadas críticas. Sin suministros regulares de crudo ni fuentes alternativas viables, el sueño atómico frustrado de Juraguá vuelve a ponerse en debate frente al colapso eléctrico que paraliza a la isla.
Datos clave
- El anuncio original: Fidel Castro presentó la iniciativa en 1982 con respaldo financiero y técnico de la Unión Soviética.
- La meta energética: Se estimaba que la central aportaría un 15 % de la demanda eléctrica de la isla.
- El cese definitivo: La caída de la Unión Soviética en 1989 descarriló los fondos y forzó la cancelación total de las obras en 1992.
- La crisis actual: La Unión Eléctrica cubana reporta un déficit cotidiano superior a los dos mil megavatios en su sistema de distribución.






