El pase vitalicio de vuelos le permitió a Steven Rothstein completar más de diez mil trayectos en primera clase alrededor del mundo durante dos décadas. Esta particular relación entre el viajero frecuente y la aerolínea estadounidense American Airlines concluyó abruptamente el 13 de diciembre de 2008 en el aeropuerto internacional de Chicago, cuando los representantes de la compañía le notificaron la anulación definitiva de su beneficio por presuntas irregularidades operativas.
La travesía aérea de este inversionista sumó más de treinta millones de millas acumuladas y una distancia equivalente a medio millar de vueltas al planeta. El pasajero abordaba cabinas exclusivas rumbo a capitales como Londres, Tokio, París o Sídney con una frecuencia inusual que acabó encendiendo las alarmas contables de la firma aérea.
La creación del pase vitalicio de vuelos y su costo
El origen de este programa comercial se remonta al año 1981, cuando American Airlines atravesaba momentos de severa estrechez financiera y requería captar fondos líquidos de forma urgente. Ante ese panorama, el directorio ideó la venta del AAirpass, una membresía exclusiva pensada para empresarios de alto poder adquisitivo que garantizaba traslados sin restricciones de calendario.
La compañía ofrecía el pase vitalicio de vuelos a clientes de alto poder adquisitivo asumiendo que el elevado precio mantendría controlada la cantidad de usuarios y que nadie volaría lo suficiente para desbalancear las finanzas. Rothstein desembolsó 250.000 dólares en 1987 para obtener su membresía personal y, dos años después, abonó otros 150.000 dólares para incorporar un asiento de acompañante permanente.
El sistema habilitó al financista a reservar boletos con escasos minutos de antelación y asegurar plazas en diferentes itinerarios el mismo día. En diversas ocasiones ocupaba el asiento secundario con amistades y conocidos, mientras que en otros tramos lo reservaba exclusivamente para transportar su equipaje de mano sin pasajeros al lado.
Un estilo de vida entre aeropuertos y cabinas exclusivas
La presencia del ejecutivo en las terminales se convirtió en una constante que las tripulaciones conocían al detalle. Registros de viaje revelaron que realizó cerca de mil vuelos con destino a Nueva York, medio millar a San Francisco, quinientos a Los Ángeles y un centenar a la capital japonesa de Tokio.
Los desplazamientos no siempre respondían a compromisos corporativos o reuniones de negocios en el extranjero. En diversas oportunidades abordaba aviones para almorzar en Canadá o pasar fines de semana improvisados en distintas ciudades estadounidenses, al punto de registrar en julio de 2004 dieciocho vuelos en apenas treinta días.
Familiares del usuario señalaron a medios internacionales que volar representó un canal de contención personal tras el fallecimiento de uno de sus hijos en 2002. En aquellos años la aviación comercial operaba bajo normas menos restrictivas y sin el escrutinio actual sobre la huella de carbono, lo que facilitaba emitir billetes con total libertad.
El litigio judicial y el cese del beneficio ilimitado
Cuando la firma revisó las cuentas, concluyó que aquel pase vitalicio de vuelos generaba pérdidas millonarias insostenibles para su estructura. La empresa había cerrado la venta del producto en 1994, pero mantenía vigentes los contratos suscritos con anterioridad bajo estrictas cláusulas de uso que comenzaron a ser auditadas exhaustivamente.
La investigación interna de American Airlines determinó que el pasajero violaba las condiciones al efectuar reservas a nombre de personas ficticias o identidades inventadas como una supuesta valija. Además, los inspectores detectaron que emitía pasajes para conocidos que jamás se presentaban en la puerta de embarque, bloqueando asientos comerciales de primera clase.
El afectado recurrió a los tribunales federales para exigir la restitución de su boleto vitalicio, pero la Justicia falló a favor de la empresa de transporte aéreo al validar la rescisión contractual. Tras la sentencia definitiva, el financista debió costear nuevamente cada pasaje individual para continuar sus traslados internacionales.
Datos clave
- Inversión inicial: Steven Rothstein pagó 400.000 dólares entre 1987 y 1989 para obtener traslados ilimitados con acompañante en American Airlines.
- Registro extraordinario: El usuario completó más de 10.000 vuelos en 21 años y sumó unos 30 millones de millas en primera clase.
- Fallo judicial: La aerolínea canceló la credencial en 2008 tras detectar reservas irregulares y los tribunales confirmaron la medida a favor de la empresa.






