El célebre pensador británico John Stuart Mill dejó una de las reflexiones más citadas de la historia moderna al alertar sobre el rol de la pasividad social frente a las injusticias. La frase se pronunció originalmente el 1 de febrero de 1867 durante su discurso de asunción como rector en la Universidad de St. Andrews, en Escocia. Aquel mensaje, dirigido a una audiencia estudiantil, planteaba que la complicidad colectiva surge cuando las personas eligen no involucrarse ante los abusos.
El discurso fundacional de John Stuart Mill en Escocia
Al asumir el rectorado universitario, el pensador británico presentó un texto que posteriormente se imprimió como Discurso inaugural pronunciado ante la Universidad de St. Andrews. En su exposición ante los jóvenes, expresó de forma textual: "Los hombres malos no necesitan nada más para lograr sus fines que los hombres buenos miren y no hagan nada". Lejos de tratarse de una simple felicitación académica, la pieza se convirtió en un verdadero manifiesto pedagógico.
Para el parlamentario y filósofo, los centros de educación superior no podían operar desconectados de las tensiones de su época. A mediados del siglo XIX, las sociedades occidentales vivían una etapa de profunda industrialización, debates arduos sobre la representatividad electoral y reclamos de dignidad laboral. El pensador remarcó a los universitarios que la formación intelectual genera una ineludible responsabilidad comunitaria.
La complicidad por omisión y el pensamiento moral
El análisis del texto evidencia que John Stuart Mill enfocaba el problema del daño social desde una óptica novedosa. La principal amenaza contra el progreso colectivo no dependía exclusivamente de los impulsos crueles o ambiciosos de unos pocos, condición que reconocía recurrente en la historia, sino del silencio de la mayoría. Callar o desentenderse de los asuntos cívicos constituye, bajo esta mirada, una decisión deliberada de carácter político.
Esta postura sintetiza los pilares teóricos formulados por el filósofo en obras como Sobre la libertad, publicada en 1859, y El utilitarismo, editada en 1861. Para su doctrina, la validez moral de un acto radica en su contribución al bienestar general. Sin embargo, precisó que abstenerse de intervenir genera efectos concretos y negativos en la comunidad. La ética, por tanto, demanda acciones efectivas para frenar los atropellos y no tolera el individualismo indiferente.
Trayectoria de John Stuart Mill y su vigencia democrática
La formación de John Stuart Mill inició en Londres tras su nacimiento en 1806, bajo un esquema sumamente riguroso dirigido por su padre James Mill y Jeremy Bentham. Aunque ese método le permitió dominar el griego clásico a los tres años, le provocó un colapso anímico a los veinte. Superó ese momento mediante la lectura poética y el estrecho intercambio intelectual con Harriet Taylor, con quien más tarde contrajo matrimonio y compartió debates decisivos.
Posteriormente, trabajó para la Compañía Británica de las Indias Orientales y accedió a una banca en el Parlamento británico. Como legislador promovió causas de vanguardia, como el sufragio femenino, el ingreso libre de las mujeres a las universidades y mejores condiciones para la clase obrera, posturas que plasmó en su tratado La esclavitud de las mujeres de 1869. Pasó sus últimos años en territorio francés, hasta que murió por erisipela el 8 de mayo de 1873 en Aviñón.
Datos clave
- Origen histórico: La frase fue pronunciada el 1 de febrero de 1867 en la Universidad de St. Andrews.
- Concepto central: El filósofo advirtió que la inacción y el silencio de la ciudadanía facilitan los abusos del poder.
- Lucha social: Como parlamentario, fue pionero en reclamar el sufragio femenino y los derechos laborales.
- Obras célebres: Escribió textos determinantes como Sobre la libertad, El utilitarismo y Sistema de lógica.






