El testimonio de varios hondureños en Rusia reveló cómo una presunta oferta de empleo internacional derivó en una huida desesperada ante el riesgo de terminar en el frente de batalla. El ciudadano Olvin David Banegas y su hermano formaban parte de un grupo de siete compatriotas que viajaron engañados por promesas económicas. Tras notar que pretendían trasladarlos a una instalación militar, decidieron escapar por las calles de Moscú sin documentos de identidad.
El escape en Moscú y el auxilio diplomático
Al abandonar el sitio donde permanecían bajo vigilancia, los extranjeros intentaron hallar una sede consular que pudiera resguardarlos. En medio del desconcierto y ante la imposibilidad de dar con la embajada hondureña, consideraron ingresar a la delegación de la República del Congo en busca de asilo. La situación cambió de forma imprevista cuando una mujer llamada Julia escuchó que hablaban castellano y decidió intervenir para auxiliarlos.
La ciudadana había trabajado previamente en representaciones consulares de Centroamérica y contaba con el contacto directo del cónsul hondureño Freddy Zelaya. Al comunicarse con el funcionario, Julia explicó la urgencia del caso y alertó que cinco de los connacionales requerían asistencia inmediata. La falta de pasaportes complicaba cualquier salida del territorio, por lo que las autoridades consulares iniciaron gestiones para tramitar salvoconductos oficiales.
Tres meses de refugio para los hondureños en Rusia
Durante el proceso de regularización migratoria, los hondureños en Rusia debieron aguardar en una iglesia ortodoxa que les brindó techo y comida. En ese lapso desempeñaron labores de campo mientras la cancillería de su país coordinaba los permisos necesarios para viabilizar el viaje de retorno. La comunicación con el cuerpo diplomático resultó constante y permitió mantener la calma en medio de la zozobra general.
La prolongada estancia en Moscú generó una profunda incertidumbre tanto en los afectados como en sus allegados. El cónsul Zelaya supervisó el avance de los documentos de viaje para acreditar la nacionalidad de los involucrados. Tras noventa días de gestiones diplomáticas, seis integrantes del grupo consiguieron abordar los vuelos de regreso hacia Centroamérica, aunque dos compatriotas continúan con paradero desconocido.
La advertencia materna y las secuelas tras el retorno
En Honduras, la madre de los hermanos Banegas relató los difíciles meses de angustia que atravesó al no recibir noticias claras. La mujer aseguró que antes de la partida intentó persuadirlos de no aceptar una propuesta monetaria en una nación involucrada en un conflicto armado. Ante las sospechas que le despertaban las fotografías recibidas, dedicó sus jornadas a oraciones continuas por la protección de sus hijos y de los demás integrantes de la comitiva.
El arribo a su tierra natal no resolvió los problemas económicos que motivaron el viaje inicial. Banegas señaló que enfrenta el desempleo y las secuelas psicológicas de haber escapado de un entorno de alto riesgo bélico. Su caso sirve de advertencia para la región sobre redes que captan mano de obra vulnerable con falsas promesas laborales para sumarla a filas militares extranjeras.
Datos clave
- Engaño laboral: Un grupo de siete ciudadanos hondureños viajó al extranjero bajo promesas de empleo y huyó al percatarse de que serían enviados a una base castrense.
- Contacto diplomático: Una mujer que hablaba español facilitó el enlace entre los fugitivos y el consulado de Honduras en la capital rusa.
- Refugio temporal: Los afectados permanecieron tres meses albergados en un templo ortodoxo mientras tramitaban salvoconductos de viaje.
- Retorno parcial: Seis compatriotas regresaron a su nación de origen, mientras que otros dos hombres siguen sin ser localizados.






