La esclavitud de europeos a manos del mundo islámico afectó a más de un millón de personas a lo largo de varios siglos, según documenta el historiador británico Simon Webb en su obra The Forgotten Slave Trade. La investigación revela que mucho antes del comercio transatlántico hacia América, poblaciones enteras del continente europeo padecieron el saqueo y la captura forzada.
El autor expone que localidades de Inglaterra, Irlanda, Italia y España sufrieron incursiones sistemáticas. Quienes caían capturados terminaban trasladados hacia mercados del norte de África y Oriente Medio, en una red de tráfico humano que Webb considera relegada de la memoria histórica habitual.
Orígenes y alcance de la esclavitud de europeos
El texto fundamenta que en la Europa premoderna la servidumbre alcanzaba porcentajes considerables. Hacia el año 1066, cerca del diez por ciento de los habitantes de Inglaterra permanecía bajo condiciones serviles. Puertos como el de Bristol funcionaron como centros de envío de prisioneros hacia costas africanas casi un milenio antes de participar en la trata colonial transatlántica.
En este entramado intervinieron de manera decisiva los navegantes vikingos mediante asaltos costeros y venta de cautivos. De acuerdo con los documentos recabados por Webb, las redes comerciales conectaban directamente el continente europeo con los bazares musulmanes a través de rutas comerciales ya consolidadas en el Medioevo.
Corsarios berberiscos y la recaudación del tributo
Durante los siglos dieciséis y diecisiete, la actividad de los corsarios berberiscos intensificó las capturas bajo el amparo de entidades estatales de Marruecos, Argel, Túnez y Trípoli, operando en coordinación con las autoridades otomanas. Estas incursiones alcanzaron zonas británicas como Cornualles, donde decenas de feligreses fueron arrancados de recintos religiosos para no volver jamás.
Frente al avance corsario, varias naciones europeas evitaron el choque armado y optaron por el pago periódico de tributos para resguardar su comercio marítimo. Esta práctica de apaciguamiento prolongó las operaciones de captura durante décadas, dejando indefensos a los marineros que navegaban fuera de las zonas acordadas.
Entre las prácticas de sometimiento descritas, el libro detalla la castración aplicada de modo sistemático en jóvenes cautivos para convertirlos en eunucos. Asimismo, examina el sistema otomano denominado devshirme, mediante el cual recolectores imperiales reclutaban forzosamente a niños en Grecia y los Balcanes para integrarlos a las fuerzas de élite militar.
El colapso del sistema y las guerras navales
La prolongada esclavitud de europeos comenzó a desmoronarse tras la independencia de las colonias norteamericanas. Al perder el amparo de la bandera británica y los tributos diplomáticos, barcos de Estados Unidos sufrieron apresamientos que dejaron a más de un centenar de marineros cautivos en Argel.
La negativa norteamericana a pagar rescates derivó en las llamadas Guerras de Berbería entre 1801 y 1815. El enfrentamiento naval aceleró el fin definitivo de estos mercados humanos y marcó el comienzo de la proyección militar internacional estadounidense.
Datos clave
- Más de un millón de personas de origen europeo fueron vendidas como esclavas en mercados del norte de África y Oriente Medio.
- Incursiones organizadas por corsarios berberiscos despojaron comunidades costeras enteras en Inglaterra, Irlanda, Italia y España.
- El sistema del devshirme reclutaba a la fuerza a niños balcánicos y griegos para entrenarlos dentro del ejército otomano.
- Las Guerras de Berbería a comienzos del siglo diecinueve frenaron militarmente el cobro de tributos y desarticularon las redes de captura.






