Las elecciones en Israel marcan un momento decisivo para el primer ministro Benjamin Netanyahu, quien busca asegurar su permanencia al frente del gobierno en una contienda altamente disputada. El veterano dirigente acude a las urnas respaldado por sus casi diecinueve años de experiencia acumulada en diversos mandatos. No obstante, encara un escenario adverso tras los cuestionamientos generalizados hacia su doctrina de seguridad, puesta en entredicho desde la incursión violenta encabezada por Hamás en octubre de 2023.
El principal contendiente en la carrera electoral es el antiguo jefe militar Gadi Eisenkot, quien capitalizó el descontento popular por las fallas operativas de aquel ataque. Diferentes mediciones de intención de voto ubican a ambos competidores en una situación de empate técnico. Ante este panorama, el actual mandatario apela al respaldo brindado por Donald Trump y agita el temor de que un triunfo de sus rivales propicie la creación de un Estado palestino.
El desafío de las elecciones en Israel para Netanyahu
La estrategia proselitista del primer ministro de setenta y siete años se ha concentrado en polarizar al electorado bajo una disyuntiva tajante entre la derecha o Palestina. Con este enfoque, el jefe de gobierno intenta consolidar el voto conservador y bloquear cualquier alternativa moderada. Su postura histórica rechaza de plano la solución de dos Estados, promoviendo en cambio la ampliación de los asentamientos y la anexión de zonas en Cisjordania.
A lo largo de su trayectoria política, iniciada al frente del partido Likud en la década de 1990, Netanyahu construyó su liderazgo en torno a la invulnerabilidad militar y la disuasión estratégica. Sin embargo, las graves fallas evidenciadas durante las acciones armadas del movimiento islamista quebraron esa percepción de infalibilidad. Frente a las críticas, el mandatario reformuló el discurso oficial para presentar los combates actuales como una gesta para reconfigurar el equilibrio de poder en la región.
El desgaste bélico y los frentes judiciales
En su intento por contrarrestar las objeciones sobre seguridad, el primer ministro exhibe los operativos bélicos desarrollados en la Franja de Gaza contra Hamás y en Líbano frente a Hezbolá. Asimismo, resalta las acciones directas emprendidas contra Irán, señalado como el principal sostén financiero y logístico de ambas organizaciones. A pesar de estas demostraciones de fuerza armada, los analistas señalan que la prolongación del conflicto ha generado un profundo desgaste interno.
El plano legal complica aún más la posición del dirigente israelí. Pesa sobre él una orden de detención internacional emitida por la Corte Penal Internacional debido a presuntos crímenes de guerra cometidos en el marco de las hostilidades en Gaza. Al mismo tiempo, debe comparecer ante la justicia de su país en un juicio por presunta corrupción, factores que sus detractores utilizan para cuestionar su idoneidad en el cargo.
Polarización política y alianzas internacionales
De cara a las elecciones en Israel, los adversarios del primer ministro denuncian que su permanencia genera divisiones irreparables en el tejido social. Eisenkot sostuvo públicamente que el mandatario fomenta el odio y cataloga a la oposición como enemiga del Estado. Por el contrario, los simpatizantes oficialistas defienden la firmeza exhibida por el gobernante en el momento más difícil de la historia contemporánea del país.
En el plano diplomático, Netanyahu mantiene como baluarte el apoyo público del presidente estadounidense, a quien considera el aliado más leal que ha tenido el país en Washington. Aunque los sondeos indican que la coalición de derecha difícilmente logre mayorías absolutas en el Parlamento, el longevo mandatario confía en su capacidad para articular alianzas de última hora y prolongar su hegemonía en el poder.
Datos clave
- Contienda reñida: Benjamin Netanyahu llega a las urnas en un virtual empate técnico frente al exjefe de las Fuerzas Armadas Gadi Eisenkot.
- Dilema electoral: La campaña oficialista centró su mensaje en la disyuntiva entre sostener el gobierno de derecha o permitir el avance hacia un Estado palestino.
- Presión legal: El actual primer ministro enfrenta un proceso por presunta corrupción y una orden de arresto internacional emitida por la Corte Penal Internacional.
- Sostén externo: Donald Trump respaldó explícitamente la candidatura de Netanyahu diez días antes de la realización de los comicios.






