El hallazgo de un dinosaurio come frutas modificó la comprensión científica sobre la alimentación de los reptiles prehistóricos al final del periodo Cretácico en Estados Unidos. La investigación, difundida por la revista científica Nature Communications, identificó a la especie Infernogallus jamesi, apodada popularmente como gallina del infierno, como un herbívoro especializado en aplastar frutos carnosos hace 66 millones de años. Este descubrimiento ofrece una de las evidencias anatómicas más contundentes sobre dietas frugívoras en especies no emparentadas directamente con las aves modernas.
Análisis anatómico del cráneo fósil
El espécimen analizado fue desenterrado originalmente en el año 2011 y destaca por preservar su estructura craneal casi intacta. La fragilidad de los huesos de los caenagnátidos causaba que la mayoría de los fósiles aparecieran destruidos o dispersos, lo que impedía reconstruir con precisión la mecánica de su mordida. Actualmente, los restos óseos permanecen resguardados y en exhibición al público en las instalaciones del Museo Real de Ontario.
Especialistas de la Universidad de Stony Brook utilizaron tomografías computarizadas avanzadas para escanear el fósil sin provocar daños en el material. A través de este método digital, el equipo encabezado por el anatomista Gregory Funston examinó la cavidad bucal y reconstruyó la orientación de la masa muscular mandibular. Los datos revelaron que los huesos superiores del paladar formaban una curva descendente que dirigía la fuerza muscular en sentido longitudinal.
Mecánica mandibular de este dinosaurio come frutas
La estructura ósea permitía un desplazamiento mandibular de adelante hacia atrás, diseñado para triturar comida blanda en vez de desgarrar carne. Esta característica singular distingue a este dinosaurio come frutas de otros terópodos carnívoros bípedos que poseían mordidas verticales y cortantes. La comunidad científica comparó este mecanismo con los movimientos masticatorios de los seres humanos y de diversas aves contemporáneas.
Los expertos determinaron que la mandíbula funcionaba de manera similar a la de ciertos loros actuales que consumen drupas, frutos con pulpa blanda y carozo resistente como los duraznos. El investigador Thomas Dudgeon, coautor del informe y miembro del Museo Real de Ontario, subrayó que la especialización frugívora es sumamente inusual en el registro fósil y conllevó transformaciones anatómicas únicas en este linaje.
Contexto ecológico y dispersión vegetal
La aparición anatómica de este dinosaurio come frutas ocurrió de forma simultánea con la diversificación y expansión de las plantas con flores hacia finales de la era Mesozoica. Aunque estos reptiles descendían de ancestros cazadores, desarrollaron picos desprovistos de dientes para aprovechar recursos vegetales en crecimiento en los humedales prehistóricos.
Pese a la sincronía temporal, los paleontólogos aclararon que no existen pruebas directas de una relación causal entre la evolución de los caenagnátidos y la proliferación de árboles frutales. Asimismo, el equipo de investigación remarcó que todavía no se puede confirmar si este animal actuaba como dispersor de semillas, rol biológico que desempeñan hoy en día varias especies de mamíferos y aves.
Datos clave
- Identificación: La especie Infernogallus jamesi, conocida como gallina del infierno, habitó Norteamérica hace 66 millones de años y poseía adaptaciones para triturar frutos.
- Conservación: El fósil hallado en 2011 conserva un cráneo casi completo que permitió realizar tomografías computarizadas en la Universidad de Stony Brook.
- Biomecánica: Su mandíbula inferior se desplazaba de adelante hacia atrás para aplastar drupas, de manera análoga a los loros actuales.
- Evolución: La investigación publicada en Nature Communications no halló evidencia concluyente sobre su rol en la dispersión de semillas vegetales.






