La crisis hídrica en Cuba empujó a miles de familias a buscar alternativas extremas ante la falta prolongada del servicio en las redes domiciliarias. Rachel Molina, una creadora de contenido local, documentó cómo debió recolectar agua pluvial con su hija tras noventa días sin suministro corriente en su vivienda. La grabación reflejó las penurias diarias que atraviesa la ciudadanía en medio del colapso de los servicios esenciales.
El ingenio doméstico frente al desabastecimiento prolongado
Durante una jornada de precipitaciones, Molina colocó baldes y diversos recipientes en el patio de su residencia para captar el líquido que caía del techo. Las tareas domésticas acumuladas, entre ellas el lavado de prendas de vestir y el aseo básico, dependían exclusivamente de este fenómeno meteorológico.
La mujer aclaró en su difusión que el recurso recolectado poseía un destino específico y restringido para evitar problemas mayores. Según detalló, el agua servía para higienizarse y lavar ropas, pero no resultaba apta para el consumo humano directo. Por tal motivo, los habitantes deben racionar y separar meticulosamente las reservas para no comprometer su salud.
Impacto de la crisis hídrica en Cuba y fallas eléctricas
El testimonio particular expone un escenario generalizado que golpea a una porción considerable de la población en la isla caribeña. Datos de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios indican que aproximadamente 3,5 millones de personas enfrentan graves dificultades para acceder al agua por tubería.
Esta cifra representa a más de un tercio del total de los habitantes del país caribeño. Por su parte, voceros estatales admitieron que al menos 2,7 millones de ciudadanos sufren cortes totales o intermitencias severas en la distribución del recurso. La magnitud de la crisis hídrica en Cuba se vincula en gran medida con el deterioro del sistema eléctrico.
Cerca del 90 % de los equipos de bombeo hidráulico funcionan mediante energía eléctrica en las distintas provincias. Debido a los apagones que sobrepasan las 24 horas continuas en urbes como La Habana, las estaciones de bombeo quedan completamente paralizadas. Sin corriente eléctrica estable, el flujo hacia los tanques y hogares resulta inviable.
Riesgos sanitarios y métodos alternativos de subsistencia
Ante la inoperancia de las cañerías, los pobladores acuden a diferentes métodos para cubrir sus requerimientos cotidianos más elementales. La compra de bidones a repartidores informales y la recolección clandestina en cañerías averiadas constituyen escenas habituales en diversas barriadas.
La escasez prolongada encendió las alertas de los organismos de salud debido a un incremento de cuadros diarreicos y el riesgo latente de epidemias virales. La falta de saneamiento y la manipulación de fuentes no tratadas elevan la vulnerabilidad de niños y adultos mayores. La espera de lluvias se convirtió así en un alivio transitorio dentro de un panorama de incertidumbre constante.
Datos clave
- Casi tres meses sin suministro: Familias cubanas reportan hasta noventa días continuos sin agua corriente en sus hogares.
- Millones de afectados: Organismos de Naciones Unidas estiman que 3,5 millones de personas sufren problemas de acceso al agua en la isla.
- Colapso eléctrico: El 90 % del sistema de bombeo depende de la red eléctrica, afectada por cortes de más de 24 horas.
- Alerta sanitaria: Las autoridades médicas vigilan el incremento de dolencias digestivas e infecciosas debido a la mala calidad del agua.






