La severa crisis hídrica en Cuba golpea a millones de ciudadanos que deben recurrir a medidas extremas para conseguir agua en sus hogares. Ante la falta persistente de suministro por red en distintas provincias de la isla caribeña, los pobladores aprovechan las precipitaciones para bañarse y juntar reservas básicas. Esta situación refleja el deterioro de los servicios básicos en un contexto marcado por cortes eléctricos continuos y un desabastecimiento generalizado.
Estrategias extremas para almacenar el recurso
El testimonio de una joven difundido en redes sociales expuso los elevados costos que demanda acopiar el recurso dentro de las viviendas particulares. Para sortear el valor prohibitivo de los recipientes comerciales, su grupo familiar optó por edificar un reservorio de hormigón en el patio de su casa. La adquisición de un contenedor plástico estándar supera los trescientos dólares estadounidenses en el mercado local, una suma inalcanzable para la mayoría de los trabajadores.
Frente a esa barrera económica, la construcción artesanal demandó un gasto cercano a los ochenta mil pesos cubanos, monto equivalente a poco más de cien dólares. El padre de la joven siguió de cerca las labores para aprender la técnica de albañilería ante la complejidad de la estructura. Sin embargo, el depósito quedó completamente vacío al concluir la obra debido a la nula presión que registran las cañerías del vecindario.
El impacto de los apagones en el bombeo
La recolección directa de agua pluvial se ha convertido en una necesidad cotidiana para el aseo personal y las tareas domésticas elementales. Cuando el clima no aporta lluvias, las opciones se reducen a contratar camiones cisterna privados o cargar recipientes pesados a pie durante largas distancias. El traslado por medio de estas pipas particulares implica desembolsos que superan los diez mil pesos cubanos por cada viaje, un costo imposible de sostener de forma regular.
De acuerdo con datos oficiales difundidos por las entidades del sector hídrico, alrededor de dos millones setecientas mil personas sufren interrupciones totales o parciales del servicio. Este contingente equivale a cerca del treinta y cinco por ciento de la población conectada a las redes de distribución estatal. La causa determinante detrás de las fallas radica en los extensos cortes de energía que impiden operar las estaciones de bombeo de agua.
Una realidad que agrava la crisis hídrica en Cuba
Las zonas con mayores inconvenientes en el abastecimiento comprenden tanto el occidente como el oriente del territorio nacional. Entre las provincias más perjudicadas figuran La Habana, Artemisa, Matanzas, Holguín y Santiago de Cuba. En estos centros urbanos, la falta de mantenimiento en la infraestructura estatal y la escasez de repuestos profundizan la parálisis operativa del sistema público.
Para los observadores internacionales, la crisis hídrica en Cuba evidencia cómo la precariedad de la red eléctrica arrastra en cadena a otros servicios esenciales. Sin electricidad estable para impulsar los motores de las plantas de tratamiento, los acueductos pierden presión y dejan secas las conexiones residenciales. Este escenario sanitario genera alarma debido a los riesgos asociados a la conservación precaria del agua en depósitos improvisados.
Datos clave
- Afectación masiva: Alrededor de 2,7 millones de habitantes carecen de servicio regular de agua potable por tubería.
- Causa energética: Los prolongados apagones paralizan las estaciones de bombeo y los sistemas de distribución en todo el país.
- Costos inaccesibles: Un tanque plástico supera los 300 dólares y los camiones cisterna cobran más de 10.000 pesos cubanos por viaje.
- Provincias críticas: Los problemas más severos se concentran en La Habana, Artemisa, Matanzas, Holguín y Santiago de Cuba.






