La profunda crisis en Cuba golpea con especial dureza a los sectores más desprotegidos, dejando a numerosos adultos mayores en situaciones de extrema indigencia en localidades como Santiago de Cuba. Un relevamiento periodístico internacional documentó recientemente la realidad de una mujer de 76 años que subsiste mendigando junto a su hija y pernocta sobre cartones. El testimonio refleja el deterioro generalizado de las condiciones de vida que afecta a la población de la isla caribeña.
Sobrevivencia en las calles de Santiago de Cuba
Madre e hija se acercaron al reportero estadounidense Robert F. Worth en el malecón de Santiago de Cuba en busca de ayuda económica. Ambas explicaron que perdieron a su único sostén familiar el año pasado, cuando el hijo de la anciana falleció a causa de un cáncer mientras trabajaba como guardia de seguridad. Desde aquel momento, su principal vía de subsistencia consiste en pedir limosna y juntar recipientes plásticos desechados para venderlos por sumas mínimas.
Al inspeccionar la vivienda donde habitan, el equipo de prensa constató una precariedad absoluta. El inmueble carece de camas convencionales, por lo que ambas descansan sobre armazones metálicos recubiertos únicamente con planchas de cartón. Asimismo, la falta de suministro eléctrico es total dentro del espacio, al punto de no contar ni con una bombilla funcional, sin recibir ningún tipo de transferencia o soporte social por parte de las entidades públicas.
La crisis en Cuba y el deterioro de los servicios
El caso registrado por los enviados de The Atlantic se enmarca en un escenario mucho más amplio de carencias estructurales. La crisis en Cuba comprende recurrentes interrupciones en la red energética nacional, falta prolongada de combustibles y severas trabas para abastecerse de medicamentos básicos. A esto se añade un encarecimiento constante en los alimentos de consumo elemental, lo que pulveriza los ingresos de la clase trabajadora y de los jubilados.
Los analistas atribuyen este declive financiero a múltiples factores concurrentes, entre ellos la notable merma del turismo internacional tras la pandemia. Dicho sector representaba uno de los pilares fundamentales para el ingreso de divisas a la economía cubana. Con jubilaciones que pierden valor adquisitivo día tras día, gran parte de los adultos mayores depende de remesas enviadas desde el extranjero o cae directamente en la pobreza.
Asistencia comunitaria ante el vacío estatal
Frente a la debilidad de las redes oficiales de contención, las entidades religiosas han asumido un protagonismo creciente en diversas localidades de la isla. En la capital, La Habana, voluntarios de la congregación de Los Escolapios organizan almuerzos colectivos a base de arroz y frijoles para asistir a más de un centenar de personas vulnerables, incluyendo niños y ancianos.
Una dinámica similar se observa en Baracoa, donde iglesias evangélicas mantienen censos semanales para ubicar a familias sin provisiones o personas enfermas desprovistas de remedios. En esa ciudad, comunidades como la liderada por el pastor Raúl de Jesús Muñoz Munder atienden a más de un millar de ciudadanos. Estas iniciativas no gubernamentales intentan suplir la ausencia de políticas asistenciales en un contexto donde el salario promedio resulta insuficiente para costear bienes elementales.
Repercusiones regionales y contexto socioeconómico
La prolongada crisis en Cuba repercute de manera directa en el panorama social y económico de toda la región caribeña. Informes de organismos multilaterales como las Naciones Unidas han señalado que el retroceso productivo de la isla lastra los promedios regionales de desarrollo. Además, las dificultades energéticas obligaron a medidas excepcionales, tales como la modificación de los horarios de las escuelas para aprovechar las horas de luz solar natural.
Para los observadores internacionales, las penurias de los sectores más vulnerables evidencian fallas estructurales combinadas con restricciones financieras severas. Mientras las disputas diplomáticas y sanciones comerciales continúan debatiéndose en foros globales, historias individuales como la de Santiago de Cuba grafican la crudeza cotidiana que enfrenta la población civil más vulnerable.
Datos clave
- Vulnerabilidad extrema: Una mujer de 76 años y su hija sobreviven pidiendo limosna y juntando botellas plásticas tras el fallecimiento de su único sostén familiar.
- Carencia de servicios: Las afectadas pernoctan sobre cartones colocados en estructuras de metal y carecen totalmente de energía eléctrica o bombillas en su habitación.
- Redes comunitarias: Iglesias y organizaciones religiosas en La Habana y Baracoa distribuyen alimentos básicos para suplir la falta de auxilio institucional.
- Impacto general: El desabastecimiento de alimentos, los apagones constantes y la inflación pulverizan el poder de compra de las pensiones y salarios en la isla.






