La polémica en torno a las corridas de toros llegó formalmente a la Santa Sede mediante una acción promovida por defensores del bienestar animal. La organización PETA presentó una acusación canónica formal contra cinco presbíteros españoles a quienes señala por respaldar públicamente los espectáculos taurinos. La presentación legal busca que la cúpula eclesiástica adopte una postura contundente frente a estas celebraciones tradicionales.
La denuncia canónica y los argumentos de la acusación
La abogada italiana Laura Sgro canalizó el reclamo ante el Dicasterio para el Clero mediante la figura denominada "denuntiatio". Este mecanismo del derecho canónico obliga en los papeles a que la institución examine una supuesta falta ministerial, demandando una contestación formal por parte del organismo curial. La letrada sostuvo ante agencias internacionales que la jerarquía eclesiástica ha eludido fijar una postura clara sobre este conflicto cultural.
Desde la perspectiva de los denunciantes, los religiosos señalados incurrieron en excesos discursivos al calificar la lidia como una expresión simbólica del cristianismo. La organización defensora cuestionó con dureza que se trace un paralelismo entre el sufrimiento del animal en el ruedo y el sacrificio de Cristo. De acuerdo con Mimi Bekhecki, portavoz de la entidad, resulta contradictorio proclamar valores de piedad mientras se avala el tormento de seres vivos.
El debate histórico sobre las corridas de toros en la Iglesia
La relación entre el catolicismo y las corridas de toros cuenta con precedentes normativos que datan de varios siglos atrás. En 1567, el papa Pío V emitió un decreto pontificio que castigaba la participación en estos eventos con la pena de excomunión, catalogándolos como actos contrarios a la fe. No obstante, aquella directiva papal quedó progresivamente en desuso a medida que la tradición taurina se afianzó en territorio ibérico.
En la actualidad, numerosas fiestas patronales en territorio español combinan misas y procesiones con festivales taurinos, en los cuales participan capellanes oficiando ceremonias religiosas previas. Por su parte, la encíclica Laudato Si promulgada por el papa Francisco en 2015 remarcó que cualquier forma de crueldad hacia los animales resulta contraria a la dignidad humana. A pesar de estas orientaciones ecológicas, la Conferencia Episcopal Española no ha emitido vetos explícitos a la actividad.
Alcance de la tradición y situación en otros países
En España se desarrollan anualmente alrededor de mil quinientos espectáculos vinculados a la tauromaquia, donde sus impulsores defienden la actividad bajo el argumento del patrimonio cultural. La prohibición aprobada en Cataluña en 2012 marcó un hito político que no logró extenderse de manera uniforme al resto del país. Aquella decisión regional generó divisiones sociales que tampoco motivaron un pronunciamiento de los obispos locales.
A nivel internacional, la práctica de lidiar toros continúa autorizada bajo marcos regulatorios específicos en países como Francia, Portugal, México, Perú, Ecuador y Venezuela. En diversas naciones latinoamericanas, movimientos ciudadanos impulsan proyectos legislativos para erradicar las corridas de toros y sancionar los maltratos en espectáculos públicos. La resolución que tome la curia romana sobre esta causa podría sentar un precedente para comunidades religiosas de todo el mundo hispanohablante.
Datos clave
- Acción ante el Vaticano: La organización PETA elevó una acusación formal ante el Dicasterio para el Clero contra cinco sacerdotes españoles.
- Cuestionamiento teológico: Los activistas rechazan que clérigos comparen la muerte del toro con la crucifixión y bendigan festividades patronales sangrientas.
- Antecedente pontificio: En el siglo XVI, el papa Pío V prohibió estos espectáculos bajo pena de excomunión, directiva que fue ignorada con los años.
- Marco normativo global: Pese a los cuestionamientos, este tipo de festejos aún se encuentra autorizado en España, Portugal, Francia y cuatro países de América Latina.






