El consumidor paraguayo adoptó un criterio eminentemente racional para realizar sus compras cotidianas y dejó en un segundo plano la fidelidad a las marcas tradicionales. Este cambio estructural surge de una reciente investigación elaborada por la consultora de mercado CCR Paraguay. El análisis constata que las familias reorganizaron sus prioridades para hacer frente a los costos actuales de los productos básicos.
El colapso de la lealtad hacia las marcas
Durante el periodo previo a la pandemia, una porción significativa del público basaba sus decisiones exclusivamente en el prestigio de las firmas comerciales. Aquel segmento de compradores clasificado como marquista alcanzaba el 31% del mercado local antes de la crisis sanitaria.
Sin embargo, en el escenario actual esa porción se redujo drásticamente al 5%, lo que confirma una pérdida masiva de peso del factor emocional frente a la góndola comercial.
En contrapartida, un 62% de la población se define ahora como compradora racional, buscando una relación equilibrada entre costo, calidad y conveniencia. A este grupo mayoritario se suma un 33% catalogado como economicista, cuyo único parámetro de elección consiste en optar de manera directa por el artículo más económico disponible en el punto de venta.
La nueva conducta del consumidor paraguayo
La transformación en los hábitos no responde a un capricho pasajero sino a una táctica deliberada de administración del presupuesto familiar. Para conseguir mejores precios, el consumidor paraguayo aprendió a recorrer distintos establecimientos comerciales en vez de concentrar todos sus gastos en un solo local.
Los datos del relevamiento señalan que los hogares visitan en promedio 4,35 canales de comercialización diferentes para abastecerse. Esta rotación incluye despensas barriales, hipermercados, supermercados convencionales y cadenas de farmacias.
La constante búsqueda de promociones y ofertas diarias impulsa este recorrido múltiple para mitigar el impacto de los reajustes de precios.
Desigualdad de ingresos y gasto en alimentos
El estudio de CCR Paraguay también resalta las notorias brechas socioeconómicas que marcan el ritmo del consumo en el país. En los estratos de mayores recursos, conformados por los niveles socioeconómicos AB y C1, el gasto mensual promedio se ubica en 2.634 dólares.
En contraste, las familias del segmento D1 registran desembolsos cercanos a los 730 dólares cada mes en sus requerimientos generales.
A pesar de estas asimetrías de poder adquisitivo, el desembolso destinado a la comida no experimentó pausas en ningún estrato. El consumo de productos alimenticios registró un crecimiento interanual del 2,8%, lo que representa un promedio de 193 dólares mensuales por vivienda.
Esta necesidad primaria empuja a la reconfiguración constante de la canasta para evitar que los alimentos absorban la totalidad del presupuesto disponible.
Datos clave
- Prevalencia racional: El 62% de los compradores prioriza la relación costo-beneficio, mientras que solo el 5% mantiene lealtad a las marcas.
- Segmento economicista: Un 33% de los clientes se enfoca exclusivamente en adquirir el producto de menor precio en las góndolas.
- Diversificación de canales: Las familias asisten a un promedio de 4,35 puntos de venta distintos para optimizar sus compras cotidianas.
- Inversión en alimentación: El consumo de alimentos avanzó un 2,8% anual, demandando un promedio de 193 dólares por hogar al mes.
- Brecha económica: El gasto mensual promedio alcanza los 2.634 dólares en sectores acomodados y cae a 730 dólares en los niveles vulnerables.






