La representación de la conquista de América ha experimentado profundas transformaciones visuales desde el siglo XVI hasta las expresiones plásticas contemporáneas. Las creaciones pictóricas reflejaron en distintas épocas los intereses ideológicos de los imperios y las revisiones críticas posteriores. Este recorrido iconográfico permite comprender cómo cambiaron los relatos oficiales sobre la llegada de los colonizadores europeos al continente.
De la exaltación imperial al mito del encuentro pacífico
Durante el siglo XIX surgieron piezas destinadas a legitimar la expansión española y construir una imagen solemne del proceso colonizador. La célebre tela Primer desembarco de Cristóbal Colón en América, concebida por Dióscoro Puebla en 1862 y custodiada en el Museo del Prado, situó al navegante como una figura providencial guiada por la fe. En dicha composición, los habitantes originarios permanecen en penumbras ante los exploradores.
Años más tarde, José Garnelo representó un esquema similar con Primeros homenajes del Nuevo Mundo a Colón, obra expuesta en el Museo Naval de Madrid. En esa tela, las poblaciones locales aparecen ofreciendo tributos de sumisión voluntaria ante la cruz cristiana. Estas pinturas reforzaron la idea de una pacificación ordenada, minimizando la violencia armada y mostrando a los colonizadores como portadores indiscutidos de la civilización.
La obra de Carlos María Esquivel, que plasma la captura de Cuauhtémoc por Hernán Cortés, prolongó este enfoque en las colecciones del Museo de Bellas Artes de Zaragoza. La escena exhibe un diálogo donde el líder azteca es tratado con compostura cortesana por el vencedor. Dicho planteamiento alimentó la teoría de la conquista pactada, que atribuía el derrumbe de los grandes imperios indígenas a consensos y alianzas locales antes que a la fuerza militar.
La conquista de América según la mirada temprana del despojo
Mucho antes de las obras decimonónicas, algunos creadores europeos plasmaron una perspectiva diferente sobre estos acontecimientos. Hacia 1535, el pintor holandés Jan Mostaert compuso Paisaje con un episodio de la conquista de América, actualmente conservado en el Rijksmuseum de Ámsterdam. Pese a no conocer el territorio americano, el artista concibió un paisaje donde nativos desarmados huyen aterrorizados ante jinetes armados y tropas invasoras.
A diferencia de las representaciones religiosas triunfales, Mostaert retrató un paraíso destruido por la violencia de los recién llegados. Los pobladores autóctonos no rinden homenaje ni dialogan en términos de igualdad, sino que padecen el despojo violento de sus tierras y animales. Esta composición temprana rompió de forma tajante con el relato heroico al exponer la crudeza del avance armado sobre comunidades indefensas.
En el siglo XVII, las veintidós tablas de Miguel Gonzales registraron la caída del imperio mexica mediante la técnica del enconchado. Estas piezas, que forman parte del Museo Nacional de Bellas Artes, incorporaron incrustaciones de nácar de influencia asiática sobre óleo. El relato visual siguió las crónicas de Bernal Díaz del Castillo, otorgando un protagonismo decisivo a los enfrentamientos colectivos y a la devastación de Tenochtitlan.
La revisión crítica en los murales y el arte moderno
El siglo XX trajo consigo un cambio radical en la forma de interpretar la conquista de América a través de la pintura monumental. Diego Rivera plasmó esta transformación en su mural Epopeya del pueblo mexicano, realizado entre 1929 y 1935 en los muros del Palacio Nacional. La obra de 276 metros cuadrados reivindicó el esplendor de las civilizaciones prehispánicas antes de la irrupción europea.
Rivera no eludió las alianzas de Cortés con grupos locales, pero expuso abiertamente la esclavitud, el sometimiento armado y la destrucción de los templos indígenas. Asimismo, en Gran Bretaña, John Everett Millais abordó el apresamiento del inca Atahualpa por Francisco Pizarro en una pintura de 1846. Aquella tela prerrafaelita subrayó la tensión dramática del cautiverio y las consecuencias irreversibles del choque cultural en los Andes.
Décadas más tarde, artistas sudamericanos como el argentino Luis Felipe Noé profundizaron la crítica política hacia el colonialismo. Con su serie Conquista y violación de la naturaleza, creada en 1975 antes de su exilio en París, el creador cuestionó la fractura impuesta por el modelo occidental sobre las sociedades originarias. La plástica contemporánea consolidó de este modo un espacio de memoria y denuncia sobre las heridas históricas del continente.
Datos clave
- Revisión histórica: Las pinturas del siglo XIX exaltaron la expedición europea mediante figuras providenciales y relatos de sumisión pacífica.
- Testimonios tempranos: Obras del siglo XVI como la de Jan Mostaert documentaron la violencia inicial del despojo territorial en el Nuevo Mundo.
- Narrativa monumental: El muralismo de Diego Rivera en México visibilizó la complejidad de las alianzas indígenas y el posterior arrasamiento cultural.
- Crítica contemporánea: Creadores modernos desmontaron los mitos coloniales para reflexionar sobre el impacto ambiental y social de la colonización.






