La severa acumulación de basura en Cuba ha impulsado el surgimiento de alternativas de transporte ecológico para mitigar la emergencia ambiental en la capital de la isla. En medio de la profunda escasez de combustible que paraliza los servicios estatales de aseo urbano, un emprendimiento privado comenzó a operar en La Habana para recolectar desperdicios mediante vehículos ligeros de carga impulsados por baterías.
Esta medida responde a una problemática histórica que se ha agravado con el deterioro generalizado de los servicios públicos en la isla caribeña. Ante la incapacidad de los camiones tradicionales para cumplir sus rutas por falta de hidrocarburos y repuestos, los desechos suelen acumularse durante semanas en las esquinas, obligando a los residentes a convivir con vertederos improvisados.
Una flota impulsada por energía solar
La iniciativa corresponde al proyecto de desarrollo local denominado El Rampeño, cuyo centro de operaciones se ubica en el área de La Rampa, dentro del céntrico barrio de El Vedado. La cuadrilla cuenta con una flota integrada por 15 triciclos de tracción eléctrica diseñados para el traslado de cargas medianas y residuos urbanos.
Para garantizar la continuidad operativa sin depender del inestable sistema eléctrico nacional, la organización instaló una base de recarga dotada con 60 paneles solares y un conjunto de baterías de respaldo. Este esquema de autosuficiencia energética permite que los vehículos circulen diariamente en dos turnos programados, tanto en horas de la mañana como durante la noche, atendiendo a comercios, restaurantes y recintos históricos como el Hotel Nacional de Cuba.
El impacto sanitario de la basura en Cuba
El problema generado por la basura en Cuba no solo afecta la imagen de las principales urbes, sino que también desata riesgos epidemiológicos considerables para toda la población. La descomposición al aire libre y las quemas no autorizadas de desperdicios en plena vía pública han multiplicado los focos de vectores transmisores de enfermedades en diversos vecindarios habaneros.
Aunque las autoridades gubernamentales catalogaron el saneamiento de la ciudad como un asunto prioritario, la falta crónica de recursos impide mantener un esquema de limpieza regular. En este contexto de deterioro higiénico, la intervención privada representa un auxilio parcial para descomprimir puntos críticos donde los contenedores habituales se ven desbordados de manera continua.
Desafíos logísticos y costo del servicio
El proyecto emplea a unas 40 personas, muchas de las cuales encontraron en estas tareas una fuente laboral estable frente a la coyuntura económica de su país. Además de prestar servicios a entidades comerciales, los operarios retiran desechos en viviendas particulares bajo una tarifa autorizada por el gobierno local de 100 pesos cubanos por cada servicio.
Sin embargo, la limitada disponibilidad de recipientes receptores representa un obstáculo logístico de importancia para sostener el ritmo de trabajo. Por tal motivo, los coordinadores del emprendimiento han solicitado a la administración municipal un mayor número de depósitos comunitarios donde descargar el material recolectado al finalizar cada jornada.
La experiencia de estos triciclos evidencia cómo la escasez extrema puede forzar la adopción de esquemas de movilidad sostenible que, aunque paliativos, ayudan a mitigar el daño sanitario en comunidades desatendidas por el aparato estatal.
Datos clave
- Flota propia: El proyecto El Rampeño dispone de 15 triciclos eléctricos para la recolección de desperdicios en El Vedado.
- Autonomía: Disponen de una estación equipada con 60 paneles solares para cargar las baterías sin recurrir a la red estatal.
- Tarifa fijada: El retiro domiciliario cuesta 100 pesos cubanos, monto establecido previamente por las autoridades municipales.
- Empleo local: La iniciativa genera empleo directo para 40 trabajadores capitalinos en dos turnos diarios.






