Una amplia mayoría de los adolescentes migrantes retornados a Honduras queda excluida de la educación formal tras volver a su país de origen. Según un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el 74,1 % de los jóvenes consultados no asiste a clases. La problemática persiste a pesar de que el 84,7 % de los tutores declaró contar con una institución escolar a menos de media hora de su vivienda.
El estudio fue elaborado a partir de 226 registros que incluyeron testimonios directos y entrevistas a cuidadores durante el primer semestre de 2026. Aunque se trata de una muestra no probabilística, el informe ilustra con claridad las dificultades estructurales de reintegración social. El organismo internacional advirtió que la cercanía física a un establecimiento no garantiza la matrícula efectiva ni la continuidad pedagógica.
Desafíos de los adolescentes migrantes retornados en las aulas
El relevamiento identificó que el 68 % de los menores manifiesta un interés de nivel moderado o alto por retomar su formación. No obstante, ese entusiasmo choca contra trabas burocráticas, la falta de documentación y la necesidad urgente de nivelación de contenidos académicos. A estas dificultades se añaden problemas de adaptación emocional en sus comunidades de origen.
Diversas organizaciones no gubernamentales señalaron que los marcos institucionales vigentes no siempre se aplican en las comunidades más alejadas. Aunque el derecho a estudiar está garantizado en las leyes, las familias suelen toparse con exigencias administrativas complejas o costos indirectos que impiden la inserción. En muchos casos, los trámites excesivos terminan por alejar definitivamente a los jóvenes de las instituciones escolares.
Riesgo de nueva emigración y falta de ingresos
La precariedad económica en los hogares constituye el principal obstáculo para sostener la escolaridad. El informe detalló que el 54 % de las familias de los menores vive sin ingresos fijos o sobrevive con un monto mensual inferior a los 3.000 lempiras. Ante este panorama, el 81,2 % de los encuestados señaló que su máxima prioridad consiste en obtener respaldo económico y laboral, mientras que el 56,2 % priorizó la educación.
Debido a la ausencia de oportunidades concretas, el 28 % de los adolescentes migrantes retornados admitió que evalúa emprender un nuevo viaje migratorio fuera de sus fronteras. La OIM remarcó que las políticas públicas no deben limitarse a la recepción de los repatriados en aeropuertos o pasos fronterizos. El organismo instó a consolidar programas de seguimiento comunitario a largo plazo para asegurar la protección social y el bienestar de las familias.
Los programas estatales frente a la deserción
En el plano normativo, la Secretaría de Educación hondureña implementa un protocolo específico para la reinserción de la infancia repatriada. Dicha herramienta prevé la evaluación de conocimientos adquiridos en el exterior, la reconstrucción del historial académico y una guía orientativa para el personal docente.
Asimismo, en 2026 comenzó a implementarse la iniciativa Municipios Campeones por la Educación, desarrollada junto a la Asociación de Municipios de Honduras y Unicef. Esta estrategia busca derribar trabas administrativas y ampliar la permanencia en las aulas locales. Sin embargo, los datos confirman que todavía persiste una marcada distancia entre las normativas oficiales y la realidad diaria de los hogares.
Datos clave
- Exclusión escolar: el 74,1 % de los adolescentes repatriados no asiste a la escuela, aun cuando el 84,7 % tiene un centro a menos de 30 minutos.
- Deseo de estudiar: el 68 % de los jóvenes consultados manifestó interés moderado o alto en retomar sus estudios formales.
- Precariedad extrema: el 54 % de los hogares carece de ingresos o percibe menos de 3.000 lempiras mensuales.
- Reincidencia migratoria: el 28 % contempla volver a migrar ante la falta de estabilidad económica y educativa.






