Una investigación computacional comprobó que Shakespeare y Marlowe trabajaron de forma conjunta en la creación de Eduardo III, una pieza teatral anónima publicada en 1596. El hallazgo científico fue desarrollado por especialistas de las universidades británicas de Kent y Leeds mediante técnicas de atribución digital. Con este avance, los expertos resolvieron una incógnita literaria que se extendió durante más de cuatro siglos.
Métodos digitales para resolver un misterio de cuatro siglos
El estudio fue encabezado por Rory Loughnane, docente de estudios de la Edad Moderna en la Universidad de Kent, junto a Brett Greatley-Hirsch, profesor de literatura renacentista en la Universidad de Leeds. Ambos académicos recurrieron a herramientas informáticas que analizan la frecuencia léxica, los patrones de vocabulario y las distancias entre vocablos dentro de las oraciones. Esta metodología evitó las apreciaciones subjetivas habituales en la crítica literaria tradicional.
Para llegar a conclusiones certeras, los especialistas segmentaron el texto de Eduardo III en 32 partes diferenciadas y las contrastaron con creaciones de diez dramaturgos coetáneos en actividad hacia finales del siglo XVI. El procesamiento algorítmico identificó giros idiomáticos característicos de cada pluma, como la reiteración del término bélico martial en los manuscritos del autor de Canterbury, un rasgo poco común en otros escritores de la época.
La alianza creativa entre Shakespeare y Marlowe
Los resultados desarticulan la creencia histórica de que ambos dramaturgos mantenían una enemistad irreconciliable en los escenarios londinenses. Por el contrario, la colaboración entre Shakespeare y Marlowe refleja un entorno teatral dinámico y profundamente cooperativo. En aquel ecosistema de finales del siglo XVI, los creadores alternaban encargos personales con producciones conjuntas para abastecer la alta demanda de los escenarios públicos.
De acuerdo con las estimaciones de los investigadores, esta asociación para componer Eduardo III tuvo lugar alrededor de 1592, cuando ambos tenían menos de treinta años. El antecedente directo de esta revelación data de 2016, cuando se determinó que el dramaturgo de Canterbury también intervino en las tres entregas de Enrique VI. Así, la noción de una rivalidad aislada entre Shakespeare y Marlowe queda desplazada por pruebas científicas contundentes.
Distribución de las escenas y aportes de cada autor
El desglose computarizado determinó que el autor de Stratford-upon-Avon compuso cerca del 72 % del material analizado, lo que equivale a 23 de los 32 fragmentos evaluados. Entre sus secciones sobresalen los pasajes de seducción protagonizados por la condesa de Salisbury y el monarca inglés. Asimismo, a su estilo corresponde la escena en la que el rey Juan exterioriza su temor ante la repentina oscuridad del cielo.
Por su parte, los nueve fragmentos atribuidos a Marlowe abarcan el desenlace bélico de la obra teatral. El tramo final incluye la rendición de los combatientes franceses en Calais, así como la captura militar de los príncipes rivales. Estas secuencias exhiben una retórica marcial densa y descripciones épicas características de sus tragedias consagradas.
Repercusión académica y publicaciones científicas
La pieza teatral no formó parte del célebre Primer Folio de 1623, recopilación póstuma que definió el canon de las creaciones shakespearianas, motivo por el cual su origen permaneció en disputa desde el siglo XVIII. Los nuevos fundamentos formarán parte de la edición invernal de la revista académica Shakespeare Quarterly. La revelación aporta datos de gran interés para los estudios literarios universales, seguidos también por especialistas y centros de estudios humanísticos en Paraguay.
En simultáneo, Princeton University Press publicó el libro Shakespeare at Thirty, elaborado por Loughnane, que aborda la etapa de formación del autor durante la peste y las restricciones teatrales de 1594. La iniciativa científica contó además con el acompañamiento institucional de The Marlowe Project, entidad que desarrolla actividades de divulgación cultural y muestras históricas en la localidad de Canterbury.
Datos clave
- Autoría compartida confirmada: William Shakespeare redactó el 72 % del drama Eduardo III y Christopher Marlowe aportó el 28 % restante en los pasajes finales.
- Metodología informática: El análisis procesó 32 fragmentos con algoritmos de lingüística computacional comparados con textos de diez dramaturgos contemporáneos.
- Publicación científica: Las conclusiones serán difundidas en la revista Shakespeare Quarterly y en el libro Shakespeare at Thirty editado por Princeton University Press.
- Vínculo colaborativo: El hallazgo ratifica que los autores compartieron proyectos de escritura conjunta hacia 1592 en lugar de actuar únicamente como competidores.






