La historia de la primera mujer condenada a muerte en Chile cobró una nueva dimensión luego de que su bisnieta, la jueza penal Andrea Díaz-Muñoz, descubriera el lazo familiar que la unía a un célebre caso policial del siglo XX. El hallazgo ocurrió en 2020 de manera fortuita, cuando la magistrada vio un reportaje televisivo del Poder Judicial que detallaba el proceso legal contra Corina Rojas, acusada del homicidio de su marido, David Díaz-Muñoz, perpetrado en 1916 en Santiago.
Tras más de dos décadas de carrera judicial, la jueza decidió indagar en los expedientes para plasmar la investigación en el libro titulado Corina: una mujer, no un crimen. En su obra, la autora no pretende justificar el crimen, sino contextualizar las circunstancias estructurales de la época, marcada por matrimonios forzados, dependencia económica absoluta y un sistema judicial atravesado por fuertes prejuicios morales.
El crimen de 1916 y el trasfondo familiar
El parricidio ocurrió la noche del 21 de enero de 1916 en una residencia situada en la calle Lord Cochrane del centro capitalino. David Díaz-Muñoz, un hacendado que le llevaba 36 años a su esposa, fue apuñalado en su cama por Alberto Duarte, conocido con el alias de El saco de luche, a quien las pesquisas señalaron como el ejecutor material.
Los informes judiciales establecieron que Rojas organizó una reunión social mientras el atacante permanecía oculto detrás de una cortina de terciopelo. La relación conyugal respondía a una imposición familiar acordada cuando ella tenía apenas 15 años y su esposo 51. Un año antes del asesinato, la mujer había intentado recurrir a un envenenamiento tras quedar atrapada en un vínculo sin salida jurídica viable para conservar la custodia de sus hijos.
Arbitrariedad procesal hacia la primera mujer condenada a muerte
Durante la tramitación de la causa, la opinión pública y los tribunales centraron su atención en los supuestos desvíos morales de la acusada antes que en las pruebas estrictamente procesales. Corina Rojas mantuvo un vínculo con José Justino Gandarillas, quien fingía ser un músico y curandero de origen europeo bajo el nombre falso de Jorge Sangts Frick.
Al ser arrestado, Gandarillas incriminó a la imputada de inmediato. Las autoridades judiciales enfocaron los interrogatorios en indagar la intimidad de la mujer por presunto adulterio, conducta que legalmente no correspondía investigar sin una querella previa del cónyuge. La sentencia le negó cualquier atenuante por conducta previa intachable bajo argumentos puramente discrecionales, lo que consolidó a Rojas como la primera mujer condenada a muerte por los tribunales del vecino país.
El indulto presidencial y el legado histórico
Frente al inminente fusilamiento, la reclusa pasó dos años en la Casa Correccional de Mujeres hasta que envió una solicitud de clemencia al entonces presidente de la República, Juan Luis Sanfuentes. El mandatario le otorgó el indulto formal el 19 de noviembre de 1918, permitiéndole eludir el pelotón de fusilamiento.
Luego de recuperar su libertad, la mujer perdió contacto definitivo con sus cuatro descendientes y su paradero posterior quedó en el anonimato. La jueza Díaz-Muñoz explicó que el secreto se mantuvo hermético por generaciones y que su propio padre falleció en 2020 sin conocer el desenlace carcelario de su abuela, lo que motivó esta revisión sobre el rol histórico que enfrentó la primera mujer condenada a muerte en la judicatura trasandina.
Datos clave
- El vínculo familiar: La jueza penal chilena Andrea Díaz-Muñoz descubrió en 2020 que su bisabuela paterna fue sentenciada a la pena capital en 1916.
- El homicidio: El terrateniente David Díaz-Muñoz murió asesinado por un atacante contratado en su vivienda del centro de Santiago.
- Perdón presidencial: El mandatario Juan Luis Sanfuentes concedió el indulto el 19 de noviembre de 1918 tras una petición de clemencia.
- Revisión del caso: El libro documental expone cómo los estereotipos de género y el sesgo moral influyeron en la severidad del proceso judicial.






