La detección de la primera estrella verde en la Vía Láctea marcó un hito en la astrofísica moderna al desafiar los registros visuales conocidos. El remanente estelar denominado WD J1330+6435, ubicado a cientos de años luz de la Tierra en la constelación de Draco, exhibe un tono verdoso ante la vista humana. El descubrimiento fue publicado por especialistas en la revista científica RAS Techniques and Instruments.
El origen químico tras la primera estrella verde
El insólito brillo de este cuerpo celeste responde a una interacción química singular en sus capas exteriores. La enana blanca contiene calcio, litio y sodio procedentes de antiguos cuerpos rocosos, como asteroides o planetas, que orbitaban en su entorno y resultaron destruidos por su intensa atracción gravitatoria.
Debido a la alta densidad de la atmósfera estelar, los restos de sodio absorben intensamente las longitudes de onda amarilla, naranja y roja. Al sustraer esas tonalidades del espectro visible, el remanente proyecta una luminosidad de matiz verdoso. El astrofísico Mark Hollands, líder del estudio en la Universidad de Warwick, explicó que este fenómeno genera un resplandor fantasmal inédito en estrellas convencionales.
Modelos de percepción y colores estelares inusuales
La reconstrucción cromática no surgió de una observación directa a través de telescopios ópticos tradicionales. Los investigadores procesaron datos del relevamiento astronómico Sloan Digital Sky Survey mediante fórmulas matemáticas que replican con exactitud la respuesta del ojo humano. A partir de esa metodología, evaluaron una muestra representativa de 151 enanas blancas situadas a menos de 65 años luz.
El catálogo reveló tonalidades que desafían el conocimiento tradicional sobre la evolución estelar. Mientras los soles comunes determinan su aspecto únicamente por la temperatura, las enanas blancas incorporan variables químicas complejas. Por ejemplo, el objeto WD J1011+2845 muestra un color rosa salmón provocado por concentraciones elevadas de carbono que ascendieron desde las capas internas hasta la superficie estelar.
Otros remanentes más fríos presentaron colores cian o azul pálido como consecuencia del choque entre moléculas de hidrógeno y átomos de helio. Asimismo, se identificaron cuerpos con reflejos amarillentos derivados del consumo de fragmentos planetarios, lo que confirma una amplia diversidad en el firmamento.
Diagnóstico de sistemas planetarios extintos
La caracterización de la primera estrella verde abre una ventana fundamental para la arqueología astronómica global. Las enanas blancas constituyen núcleos extraordinariamente densos que persisten cuando astros de masa similar al Sol agotan su energía nuclear y expulsan sus capas externas. Al absorber escombros cercanos, estas estrellas actúan como herramientas de diagnóstico para medir la composición de mundos destruidos.
Los astrónomos prevén multiplicar por diez el número de espectros disponibles en los próximos años mediante nuevos relevamientos internacionales. La ampliación de datos facilitará la identificación de otros cuerpos con pigmentaciones anómalas y profundizará la comprensión sobre el destino de los sistemas planetarios.
Datos clave
- Hallazgo inédito: astrónomos identificaron a WD J1330+6435 como la primera enana blanca que presenta una coloración verde ante la visión humana.
- Causa química: la absorción de luz naranja y roja por parte del sodio en una atmósfera densa produce su peculiar tonalidad.
- Restos planetarios: los elementos químicos detectados en la estrella provienen de cometas, asteroides o planetas triturados por su gravedad.
- Nuevas clasificaciones: el relevamiento permitió también descubrir remanentes estelares con tonalidades rosas, amarillas y cian en nuestra galaxia.






