Los pozos en Afganistán representan una creciente amenaza para las comunidades rurales luego de registrarse el rescate de un menor de cinco años que permaneció atrapado a setenta metros de profundidad en Kandahar. El operativo demandó dos jornadas completas de angustia ante la estrechez de una cavidad de treinta centímetros de diámetro. La imposibilidad de acceso para los adultos obligó a que un niño voluntario de once años descendiera para asegurar a la víctima.
Un dramático rescate en Kandahar
El incidente se produjo cuando el pequeño Zainullah cayó en una perforación en desuso mientras jugaba en la provincia sureña de Kandahar. Pese al impacto equivalente al largo de una cancha de fútbol, las paredes angostas frenaron el descenso brusco y evitaron su muerte inmediata. Sin embargo, el niño permaneció incomunicado y aterrado en un ambiente húmedo y sofocante.
Tres menores intentaron bajar inicialmente para auxiliarlo, pero desistieron por la asfixia que provocaba el encierro bajo tierra. Finalmente, Hazrat Omar, un chico de once años que ya contaba con experiencia en una misión previa, aceptó el desafío con la autorización familiar. Tras un primer intento fallido por roces corporales, logró llegar a la base y sujetar al menor a la cuerda de extracción.
El peligro de los pozos en Afganistán sin protección
La multiplicación de pozos en Afganistán responde a la prolongada sequía y al impacto del cambio climático en las cuencas agrícolas. Tras la retirada militar estadounidense en 2021 y el colapso del empleo urbano, miles de familias regresaron a la agricultura de subsistencia. En ese contexto, la disponibilidad de paneles solares económicos facilitó el bombeo continuo e indiscriminado de las reservas hídricas subterráneas.
Expertos en gestión del agua calculan que existen cerca de medio millón de estas excavaciones, concentradas principalmente en la cuenca del río Helmand. Cuando los acuíferos se agotan, los agricultores abandonan los agujeros sin sellarlos con estructuras firmes por carecer de recursos financieros. Esas aberturas disimuladas bajo capas débiles de tierra y maderas podridas se transforman en trampas mortales para los transeúntes.
Equipos caseros frente al vacío institucional
Las autoridades afganas carecen de cuerpos especializados y únicamente un puñado de personas realiza estas tareas de forma voluntaria. Ante esta desprotección, Mirajan Abdullah, un comerciante local de telefonía móvil de veintiocho años, diseñó un sistema artesanal con cámaras y computadoras portátiles. Dicho dispositivo permite visualizar el fondo del conducto y guiar la bajada de sogas hasta las víctimas.
Abdullah ha intervenido en más de un centenar de rescates durante los últimos cuatro años, logrando salvar decenas de vidas en distintos distritos. Las estadísticas oficiales y periodísticas registran más de cien caídas desde 2021, con un saldo fatal cercano al cincuenta por ciento de los afectados. En su mayoría, los damnificados son infantes menores de diez años que no advierten el peligro en los senderos.
Medidas regulatorias ante la emergencia hídrica
Para afrontar el riesgo de los pozos en Afganistán mediante medidas preventivas, el Ministerio de Agua y Energía anunció proyectos para prohibir el uso no autorizado de reservas subterráneas. Por su parte, la cartera de Interior intimó a los campesinos a colocar tapas seguras sobre las perforaciones bajo apercibimiento de sanciones legales.
El desafío ecológico y económico persiste debido a la baja rentabilidad agrícola frente a la sobreexplotación de un recurso natural finito. Comunidades enteras corren el riesgo de enfrentar la desertificación definitiva si continúa el descenso alarmante del nivel freático en las zonas de cultivo.
Datos clave
- Rescate extremo: Un niño de once años descendió setenta metros por un pozo de treinta centímetros para rescatar a un menor de cinco años atrapado durante dos días en Kandahar.
- Proliferación descontrolada: Se estima la presencia de cerca de quinientos mil pozos agrícolas en territorio afgano debido a la sequía y al uso masivo de energía solar para bombeo continuo.
- Alta letalidad: Desde 2021 se han verificado más de cien accidentes en estos conductos sin sellar, con un saldo trágico cercano al 50 % de fallecimientos infantiles.
- Iniciativa ciudadana: El voluntario Mirajan Abdullah desarrolló tecnología propia con cámaras y monitores para concretar con éxito decenas de extracciones subterráneas.






