La creciente pobreza en Cuba expone historias de supervivencia extrema en los sectores más vulnerables de La Habana, donde familias enteras subsisten sin servicios básicos. En el asentamiento informal Flora y Fauna del municipio de Marianao, Adiuska Suárez Morton enfrenta junto a su hijo de tres años una cotidianidad marcada por la escasez de agua, la precariedad habitacional y los bajos ingresos.
La mujer de 38 años llegó a la capital tras escapar de un entorno de violencia doméstica en Guantánamo. Luego de denunciar a su expareja y lograr que fuera encarcelado, empleó sus ahorros para adquirir una precaria habitación de madera, donde intenta salir adelante mientras sus dos hijas mayores de 15 y 20 años permanecen en otra localidad.
La lucha salarial frente a la inflación y el desabastecimiento
Para solventar su hogar, Suárez Morton se desempeña como trabajadora de limpieza en un hospital ubicado en la calle 26 de la capital. Por esa labor percibe un salario mensual de 20.000 pesos cubanos, equivalente a unos 23,72 dólares estadounidenses en el mercado informal de divisas, según estimaciones independientes.
De ese monto total, la madre debe destinar de forma obligatoria 4.000 pesos para el cuidado de su hijo menor mientras cumple su jornada laboral. Ese gasto fijo no incluye los alimentos diarios del pequeño, por lo que debe preparar previamente pan, jugos o lo que consiga adquirir con el saldo restante, el cual resulta insuficiente ante la suba constante de precios de la canasta básica.
Pobreza en Cuba y la falta de servicios elementales
La realidad del asentamiento refleja cómo la pobreza en Cuba golpea el acceso a recursos vitales como el agua potable. La vivienda de madera de Adiuska no cuenta con tanque de almacenamiento, lo que la obliga a pedir agua a los vecinos y acumularla en diferentes recipientes y vasijas que encuentra para limpiar, cocinar y asear al menor.
Esta problemática hídrica no es aislada, ya que organismos internacionales y reportes periodísticos han documentado cortes prolongados de agua corriente en distritos enteros como Centro Habana y La Habana Vieja. A esta carencia se suman los continuos apagones y las fallas de voltaje en el tendido eléctrico, factores que inutilizaron el único televisor que poseía la familia.
Redes de solidaridad comunitaria en los barrios informales
En estas comunidades no reconocidas formalmente, conocidas popularmente como llega y pon, el apoyo entre los habitantes se convirtió en la principal herramienta de auxilio mutuo. La mujer relató que en varias oportunidades debió recurrir a la ayuda de otras familias para poder alimentarse, como cuando una vecina le compartió un plato de potaje de frijoles ante la falta absoluta de comida.
Esa red vecinal permite amortiguar los momentos más críticos de desabastecimiento, aunque no soluciona el deterioro estructural que atraviesa la isla. Pese a las adversidades, la madre sostiene que su meta sigue siendo conservar su puesto de trabajo y ampliar gradualmente su cuarto de madera, con la esperanza de que las condiciones generales mejoren para garantizar el bienestar de su hijo.
Datos clave
- Ubicación vulnerable: Adiuska Suárez Morton vive con su niño de tres años en el asentamiento informal Flora y Fauna de Marianao.
- Ingresos mínimos: La trabajadora percibe 20.000 pesos cubanos al mes en un hospital, de los cuales 4.000 se van en el cuidado de su hijo.
- Carencia de agua: La vivienda no posee tanque de reserva, lo que obliga a recolectar agua prestada en vasijas improvisadas.
- Apoyo barrial: La solidaridad entre vecinos constituye el principal sostén ante la falta de alimentos y recursos básicos.






