Una innovadora investigación introdujo el uso de una nariz electrónica portátil para validar y potenciar el trabajo de los canes detectores de restos humanos en fosas clandestinas. El ensayo científico fue desarrollado por especialistas de la Universidad Tecnológica de Sídney en Australia. El trabajo conjunto demostró una correspondencia directa entre los avisos de los animales y la concentración de compuestos químicos emanados de cuerpos enterrados.
Validación científica del olfato canino con tecnología portátil
Durante décadas, los perros adiestrados han constituido el método principal para localizar víctimas sepultadas en catástrofes o investigaciones criminales. Sin embargo, los peritos carecían de herramientas en el terreno para determinar cuáles sustancias activan la reacción animal. Esta falta de datos objetivos generaba dudas en causas judiciales sobre si la ausencia de una alerta correspondía a un despiste del ejemplar o a la inexistencia de restos cadavéricos.
Para resolver este dilema, el equipo docente utilizó el prototipo NOS.E en un predio del Centro Australiano para la Investigación Tafonómica Experimental. El sistema de sensores químicos comprobó que las emanaciones de alcoholes, alcanos y derivados de nitrógeno y azufre orientan la conducta de rastreo, siempre que su concentración supere el fondo vegetal del terreno.
El procedimiento de campo y la liberación de gases subterráneos
Las pruebas incluyeron un cuerpo donado sepultado a 60 centímetros de profundidad durante 98 días, recreando una desaparición prolongada. En las evaluaciones participaron tres sabuesos de la Policía de Nueva Gales del Sur en conjunto con la nariz electrónica portátil. Las mediciones demostraron que el sondeo previo del suelo con varillas metálicas resultó clave para que las emanaciones salieran a la superficie.
Cuando no se perforaba la tierra, los canes no reaccionaron o generaron falsas alarmas. No obstante, al abrir orificios en la zona del torso superior, los animales marcaron con precisión el lugar y los sensores registraron los picos moleculares más elevados. La investigadora Amber O. Brown señaló que esta herramienta permite comprobar objetivamente las respuestas caninas.
Impacto en el adiestramiento y peritajes legales
La aplicación de la nariz electrónica no busca sustituir la labor biológica, sino complementar el entrenamiento de ejemplares jóvenes en etapas complejas de descomposición cadavérica. La profesora asociada Maiken Ueland explicó que mientras los perros aportan velocidad de búsqueda, la tecnología brinda certeza química sobre los gases hallados.
Esta metodología ofrece un respaldo medible para los informes forenses en investigaciones de homicidio y desaparición forzada. Además, el instrumental abre la puerta a inspeccionar zonas de derrumbe o terrenos inestables donde el ingreso de brigadas humanas y animales represente un peligro inminente.
Datos clave
- Tecnología complementaria: Científicos australianos desarrollaron el sensor NOS.E para identificar gases de descomposición en conjunto con brigadas caninas.
- Sondeo indispensable: Los perros y el dispositivo solo detectaron los restos enterrados a 60 centímetros tras perforar el terreno con varillas.
- Compuestos determinantes: Las alertas positivas coincidieron con niveles elevados de azufre, nitrógeno, alcoholes y alcanos sobre el torso del cuerpo.
- Validez legal: Los datos químicos ofrecen parámetros objetivos para respaldar peritajes judiciales en causas penales y zonas de desastre.






