El análisis científico de una momia egipcia de más de tres milenios de antigüedad aportó valiosa información sobre su salud, costumbres y ceremonias de entierro sin necesidad de retirar sus vendajes. El estudio fue publicado por especialistas en la revista médica Radiology Case Reports, a partir del examen efectuado en Estados Unidos a los restos conocidos como la Dama de las Trenzas.
Análisis tomográfico a una momia egipcia
Para observar el interior del cuerpo, los investigadores recurrieron a una tomografía computada de alta resolución con cortes de 0,625 milímetros. Este procedimiento no destructivo permitió generar imágenes transversales del esqueleto y los tejidos desecados, preservando intacta la estructura externa.
La protagonista del análisis histórico es una mujer que vivió entre las dinastías XVIII y XXI del antiguo Egipto, etapa correspondiente al Reino Nuevo y al Tercer Período Intermedio. Sus restos mortales fueron hallados durante el siglo XIX dentro de un depósito colectivo y trasladados posteriormente a Norteamérica, hasta recalar en el Museo de Tesoros del Mundo de Wichita, en Kansas.
Los exámenes morfológicos previos y el estado óseo sugieren que la mujer falleció siendo una joven adulta, probablemente entre los 20 y 30 años de edad. Aunque su nombre original se perdió en la historia, su distintivo y bien conservado peinado motivó la denominación con la que hoy se la conoce en el ámbito académico.
Hallazgos dentales y el ritual funerario
Uno de los descubrimientos más llamativos surgió en la cavidad oral, donde los médicos detectaron un incisivo superior desplazado hacia la faringe y otro con la corona fracturada. Este traumatismo aislado llevó a los expertos a considerar una posible relación con el antiguo rito de la Apertura de la Boca.
Dicha ceremonia religiosa tenía como propósito devolver simbólicamente al difunto las facultades sensoriales, como la respiración, el habla y la capacidad de alimentarse en el más allá. No obstante, los científicos remarcaron que el diente también pudo haberse movido a causa de un accidente preexistente o manipulaciones durante los sucesivos traslados.
Asimismo, la dentadura evidenció un severo desgaste, pérdida de piezas y signos claros de enfermedad periodontal. Esta erosión generalizada en el esmalte coincide con el consumo habitual de panes elaborados con granos molidos en piedra, cuya harina contenía partículas de arena y minerales abrasivos.
Órganos preservados y misterio en la causa de muerte
A diferencia de los protocolos tradicionales aplicados a la realeza, el embalsamamiento de esta momia egipcia reflejaba una evisceración parcial. La exploración detectó que aún conservaba porciones del hígado y del bazo en el abdomen, además de restos secos de masa cerebral dentro del cráneo.
Los embalsamadores no realizaron la clásica excerebración por vía nasal, y dispusieron las extremidades superiores extendidas sobre la pelvis. Estas particularidades sugieren que la persona pertenecía a un sector social acomodado o de élite no monárquica, confirmando que las técnicas mortuorias variaban ampliamente según el estrato socioeconómico de la época.
A pesar de la nitidez de los escaneos, el motivo de su deceso continúa siendo una incógnita para la ciencia. Si bien los restos de la momia egipcia exhiben pequeñas calcificaciones posiblemente vinculadas a parasitosis como la esquistosomiasis, no se hallaron lesiones letales evidentes, dejando abierta la hipótesis de infecciones agudas no registrables en huesos.
Datos clave
- Tecnología no invasiva: La investigación utilizó tomografías computadas de alta resolución para estudiar el cuerpo sin retirar las vendas protectoras ni alterar los tejidos.
- Rito de Apertura de la Boca: El hallazgo de un incisivo ubicado en la faringe sugiere una intervención ceremonial destinada a otorgar facultades sensoriales en la otra vida.
- Evisceración incompleta: La mujer conservaba restos del cerebro, el hígado y el bazo, lo que indica un método de momificación propio de clases altas no pertenecientes a la realeza.
- Salud bucal comprometida: Se identificó un marcado desgaste dental y enfermedad periodontal atribuidos a la presencia de arena y restos de piedra en la harina de consumo diario.






