Los medicamentos innovadores demoran un promedio de siete años y tres meses en llegar a los pacientes del sistema de salud de Costa Rica tras su validación internacional. La cifra, correspondiente a 87 meses de dilación, supera la media de América Latina y muestra un incremento de cuatro meses respecto al año pasado. Los datos surgen del estudio WAIT 2026, elaborado por IQVIA y la Federación Latinoamericana de la Industria Farmacéutica.
El impacto clínico de las demoras administrativas
El tiempo de espera se computa a partir de la autorización otorgada por organismos reguladores como la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos o la Agencia Europea de Medicamentos. En territorio costarricense, el fármaco debe superar la habilitación sanitaria ministerial y posteriormente obtener el aval para su cobertura en la Caja Costarricense de Seguro Social.
Esta prolongada brecha perjudica gravemente a las personas que requieren terapias de última generación. Fernando Vizquerra, representante de Fedefarma, remarcó que las demoras postergan el comienzo de los tratamientos, agravan los cuadros de los pacientes crónicos y reducen su bienestar general de forma sustancial.
Las enfermedades no transmisibles concentran gran parte de las necesidades médicas insatisfechas en la región. Cuadros oncológicos, afecciones renales crónicas, patologías respiratorias y desórdenes metabólicos requieren medicamentos innovadores que suelen tardar años en ser integrados a los inventarios institucionales, obligando a los pacientes a recurrir a vías judiciales o a solventar gastos de bolsillo insostenibles.
La brecha para incorporar medicamentos innovadores
La situación contrasta de manera evidente con el resto del continente, donde la espera media ronda los cinco años y siete meses. El informe señala que los medicamentos innovadores aprobados con posterioridad a 2020 sufren una caída drástica en su disponibilidad regional, alcanzando a menos de la mitad de las opciones desarrolladas en el mercado global.
Para la industria farmacéutica y las instituciones hospitalarias, esta barrera genera ineficiencia presupuestaria recurrente. La permanencia de fármacos antiguos limita el acceso a soluciones más efectivas para patologías cardiovasculares, metabólicas y oncológicas en constante crecimiento demográfico.
Inversión sanitaria y medidas de agilización
La reducida asignación económica explica parte de los obstáculos que atraviesa el esquema de salud pública. Costa Rica destina el 3,6 % de su Producto Interno Bruto a la atención médica, una cifra distante de la recomendación de la OCDE y solo superior a la de República Dominicana y México entre los países examinados.
Frente a este complejo panorama, las autoridades ministeriales impulsan una nueva normativa de homologación para abreviar trámites a plazos inferiores a un mes. Yaneth Giha, directora ejecutiva de FIFARMA, enfatizó la necesidad de construir alianzas multisectoriales y tomar decisiones fundadas en evidencia científica para acortar las distancias terapéuticas.
Datos clave
- Demora récord: Los asegurados deben esperar 87 meses para acceder a tratamientos modernos, superando la media latinoamericana de 5,7 años.
- Baja inversión: Costa Rica destina apenas el 3,6 % de su producto interno a salud, ubicándose entre los tres niveles más bajos del relevamiento.
- Caída reciente: Menos del 50 % de los tratamientos autorizados a nivel internacional después del año 2020 se encuentran disponibles en el país.
- Plan regulatorio: El gobierno implementa un mecanismo de homologación con el objetivo de recortar gestiones a menos de 30 días.






