El debate sobre inteligencia artificial y guerra adquiere una relevancia crítica ante el vertiginoso desarrollo de los sistemas automatizados en el plano armamentístico internacional. La socióloga e investigadora argentina Flavia Costa advirtió en una entrevista reciente que la aplicación de estas herramientas a los conflictos armados es sumamente peligrosa. Según explicó la académica, los intentos de contención mediante marcos normativos convencionales resultarán insuficientes frente a la aceleración técnica actual.
La autora analizó el escenario global con motivo del lanzamiento de su libro titulado Vidas artificiales, en el cual examina la mutación sociocultural y política reciente. Costa, quien se desempeña como investigadora en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas y docente en la Universidad de Buenos Aires, subrayó que la carrera tecnológica global atraviesa un punto de inflexión. Para la especialista, el desafío radica en comprender quiénes conducen estos mecanismos y cómo inciden sobre la estabilidad institucional.
El impacto de la inteligencia artificial y guerra moderna
La vinculación entre inteligencia artificial y guerra no es una especulación futurista, sino un proceso en pleno despliegue que desafía las estructuras institucionales vigentes. Durante el diálogo periodístico, Costa remarcó su profunda preocupación por las dimensiones de seguridad que rodean a estos desarrollos. A su criterio, la creencia de que un conjunto de leyes o tratados multilaterales podrá poner un límite estricto a la automatización bélica desconoce la dinámica propia de la competencia geopolítica.
En ese contexto, la confrontación por la supremacía tecnológica enfrenta de manera directa a potencias como Estados Unidos y China. Ambas naciones administran ventanas temporales específicas para asegurar ventajas comparativas en sus modelos de plataformas y procesamiento de datos. Frente a esa pugna interestatal, los instrumentos diplomáticos tradicionales carecen de la fuerza ejecutiva necesaria para paralizar programas diseñados con propósitos de defensa y disuasión estratégica.
De la pandemia a la aceleración tecnológica
El camino hacia la situación actual se intensificó a partir de la crisis sanitaria global iniciada en 2020. Costa identificó ese momento como un hito central que obligó a las poblaciones a canalizar trámites de ciudadanía, educación y salud a través de ecosistemas digitales. Sin embargo, precisó que la verdadera raíz técnica emergió cerca de 2016 con la arquitectura computacional Transformer, base de los modelos generativos contemporáneos.
La velocidad de estos cambios impulsó tempranas advertencias de especialistas e instituciones internacionales. En 2017 se celebró la conferencia de Asilomar en California para plantear directrices éticas, mientras que sectores vinculados al desarrollo de sistemas avanzados promovieron cartas públicas pidiendo pausar investigaciones. Para la ensayista, la paradoja reside en que las alertas más severas provienen de los propios sectores que diseñan y financian la infraestructura computacional de vanguardia.
Los límites del control y la crisis democrática
Al profundizar en los dilemas políticos, Costa señaló que la articulación entre inteligencia artificial y guerra escapa a los mecanismos convencionales de contención diplomática. La noción de gobernanza, entendida como la conducción de conductas tanto humanas como algorítmicas, choca contra intereses económicos y militares de escala descomunal. Esta fricción alimenta lo que la investigadora describe como un deterioro palpable en los sistemas democráticos de diversas latitudes.
El impacto de estas transformaciones trasciende las fronteras de las potencias centrales e interpela directamente a toda la región. Países como Paraguay enfrentan el desafío de integrarse a un entorno digital administrado por corporaciones foráneas y superpotencias, en el cual las dependencias tecnológicas pueden condicionar la soberanía informativa y la seguridad de las naciones.
Datos clave
- Riesgo militar: Flavia Costa advirtió que la inteligencia artificial aplicada al ámbito bélico es altamente peligrosa y no se detendrá únicamente con acuerdos normativos.
- Disputa geopolítica: La competencia tecnológica entre Estados Unidos y China limita la posibilidad de imponer pausas regulatorias a nivel global.
- Hito histórico: El despliegue de los modelos actuales de procesamiento se aceleró desde 2016 y se consolidó en la vida pública tras la virtualización forzada por la pandemia.
- Efecto político: La investigadora planteó que la rápida delegación del control técnico sobre plataformas privadas intensifica la crisis de las instituciones democráticas.






