El fenómeno de El Niño representa una seria amenaza para la estabilidad económica y productiva de Ecuador, según advirtió el Banco Mundial en su último informe regional presentado en Washington. El organismo internacional situó al país sudamericano entre las naciones más expuestas de América Latina frente a las alteraciones climáticas que ya comenzaron a gestarse en las aguas del océano Pacífico. Los principales riesgos abarcan desde severas inundaciones en las planicies costeras hasta posibles cortes en el suministro eléctrico nacional.
La entidad multilateral proyecta un crecimiento del 2,2% para América Latina y el Caribe durante el presente ciclo anual. Sin embargo, los técnicos enfatizaron que factores externos como el alto endeudamiento público, las variaciones energéticas y las anomalías meteorológicas condicionan de forma directa las perspectivas de desarrollo de toda la región.
Sectores productivos bajo la amenaza del fenómeno de El Niño
Las particularidades estructurales de Ecuador acentúan su fragilidad ante cualquier perturbación climática considerable. La economía ecuatoriana mantiene una alta dependencia de la exportación de bienes primarios agrícolas, como el banano y el cacao, rubros altamente vulnerables a precipitaciones excesivas y cambios bruscos de temperatura. Las complicaciones en el campo también se extenderían a la acuicultura y las faenas pesqueras.
El reporte técnico del Banco Mundial señala que los efectos del clima extremo pueden quebrar las cadenas de suministro locales y regionales. Cuando las cosechas resultan dañadas y las rutas quedan anegadas, la escasez de productos suele derivar en incrementos directos sobre los precios de la canasta básica familiar, lo que acelera la inflación alimentaria en perjuicio de los sectores más vulnerables de la población.
Vulnerabilidad de la infraestructura vial y la matriz eléctrica
El sistema energético ecuatoriano exhibe un punto crítico ante el comportamiento pluvial. Cifras oficiales del Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) reflejan que hasta fines de septiembre de 2026 cerca del 77% de la generación eléctrica provino de represas hidráulicas. Una alteración hidrológica en las cuencas fluviales comprometería de manera directa el despacho regular de electricidad hacia industrias y hogares.
Por otra parte, la geografía nacional evidencia una marcada disparidad entre regiones durante estos eventos. Mientras la zona litoral suele soportar inundaciones devastadoras y desbordes de ríos, la Amazonía donde operan los principales embalses hidroeléctricos responde a patrones distintos. De ocurrir una merma de caudales en las zonas de captación, el Estado ecuatoriano se vería obligado a recurrir a generación térmica más costosa o elevar las compras de energía a naciones limítrofes.
Precedentes históricos y medidas de alerta en las provincias
La memoria histórica reciente expone la magnitud de este desafío. Durante el evento registrado entre 1997 y 1998, el país reportó pérdidas materiales por 2.882 millones de dólares, equivalentes a casi el 17% del producto interno bruto de esa época, de acuerdo con relevamientos de la Corporación Andina de Fomento. Aquella catástrofe dejó además 244 víctimas mortales, decenas de desaparecidos e innumerables daños viales.
Frente al actual ciclo, el Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno de El Niño (Erfen) confirmó que el evento oceánico inició su etapa de evolución. Zonas como Guayas, Manabí, Los Ríos, El Oro y Esmeraldas figuran bajo estricto seguimiento ante el riesgo permanente de desastres hidrológicos.
Datos clave
- Impacto productivo: El informe del Banco Mundial advierte riesgos sobre la agricultura, la energía y la logística interna ecuatoriana.
- Matriz sensible: Alrededor del 77% de la electricidad generada en el país proviene de fuentes hidroeléctricas sujetas a variaciones climáticas.
- Antecedente grave: El desastre climático de 1997 y 1998 generó daños por más de 2.800 millones de dólares y afectó gravemente las exportaciones.
- Alerta temprana: Instituciones científicas confirmaron que el proceso de calentamiento oceánico ingresó formalmente en su fase inicial de desarrollo.






