La escasez de gas en Cuba ha alcanzado niveles críticos que obligan a miles de personas a buscar alternativas para elaborar sus comidas diarias en medio del desabastecimiento. La falta de suministro regular en la red estatal derivó en una profunda dependencia de la reventa clandestina, el carbón vegetal y la leña. En este contexto, amplios sectores vulnerables enfrentan costos inaccesibles para adquirir combustibles básicos en las ciudades de la isla.
El impacto de la escasez de gas en Cuba sobre los ingresos familiares
El acceso al gas licuado de petróleo mediante canales oficiales requiere contratos y cupos restringidos por la administración pública. Aquellas familias que carecen de estas asignaciones deben acudir al circuito informal, donde una bombona vacía se cotiza entre 10.000 y 13.000 pesos cubanos, monto que ronda entre 20 y 25 dólares estadounidenses. A dicha suma se añade la recarga del combustible, cuyo valor puede alcanzar los 35.000 pesos en el comercio irregular.
La adquisición combinada del cilindro y su contenido llega a costar hasta 48.000 pesos, lo que equivale a unos 94 dólares en las cotizaciones paralelas. Este importe representa la totalidad de doce meses de ingresos para un jubilado cubano con una asignación mínima de 4.000 pesos mensuales. Para los sectores de menores recursos, la escasez de gas en Cuba se traduce en una barrera insalvable frente al mercado paralelo, obligándolos a destinar pensiones enteras únicamente a garantizar la cocción de alimentos.
Alternativas rústicas y riesgos para la salud pública
Ante los precios prohibitivos del gas envasado, muchas familias intentan adquirir carbón vegetal para preparar sus alimentos. Una bolsa de este insumo cuesta entre 1.500 y 1.800 pesos cubanos, una cifra que representa una porción considerable del ingreso semanal de los trabajadores estatales. Aunque este producto permite subsistir durante algunas jornadas, demanda compras recurrentes y genera complicaciones logísticas en viviendas que no disponen de ventilación adecuada.
La leña se ha convertido en el último recurso disponible para los hogares que no pueden financiar carbón de manera constante. Vecinos de distintas zonas recolectan restos de madera o ramas secas para encender fogones improvisados en patios y pasillos exteriores. Esta práctica expone a los habitantes a la inhalación constante de humo tóxico y eleva el peligro de incendios en zonas densamente pobladas, donde las construcciones presentan precariedad estructural.
El trasfondo del colapso energético en la isla
La crisis con los combustibles domésticos no ocurre de forma aislada, sino en medio de una profunda parálisis de los servicios esenciales. En la isla, el agravamiento de la escasez de gas en Cuba coincide con reiteradas fallas en las centrales termoeléctricas y constantes apagones que neutralizan el uso de hornallas eléctricas. La falta de divisas para importar hidrocarburos ha limitado la capacidad del Estado para sostener el racionamiento subsidiado que rigió históricamente.
La situación observada en el país caribeño refleja la vulnerabilidad extrema a la que quedan expuestos los ciudadanos cuando fallan las cadenas públicas de distribución básica. Para los observadores internacionales y la región latinoamericana, este fenómeno ilustra cómo la inflación descontrolada y la falta de divisas pueden deteriorar las condiciones más elementales de la vida doméstica. Mientras persista el déficit de combustible, cocinar continuará siendo un desafío diario para la población cubana.
Datos clave
- Costo prohibitivo: Adquirir una garrafa y su carga en el mercado informal puede costar hasta 48.000 pesos cubanos, cerca de 94 dólares.
- Jubilaciones insuficientes: Una pensión mínima mensual equivale a 4.000 pesos, por lo que comprar gas no regulado demanda un año entero de ingresos.
- Retroceso a combustibles sólidos: La imposibilidad de pagar el gas empuja a los pobladores a recurrir a bolsas de carbón o ramas de leña.
- Agravamiento por apagones: Los cortes generalizados en la red eléctrica impiden a los hogares utilizar cocinas eléctricas como alternativa.






