Las recientes elecciones en Israel dejaron un panorama político fragmentado en el que ninguna coalición consiguió los 61 escaños necesarios para gobernar. El escrutinio preliminar difundido por el Comité Central de Elecciones confirmó que tanto el primer ministro Benjamín Netanyahu como el líder opositor Gadi Eisenkot deberán entablar complejas conversaciones para intentar formar gabinete. La Knesset, compuesta por 120 bancas, afronta semanas de intensas negociaciones que podrían derivar en pactos inéditos o en una nueva convocatoria a las urnas.
Escenarios tras las elecciones en Israel y la búsqueda de acuerdos
El partido derechista Likud, encabezado por Netanyahu, obtuvo 26 escaños y se situó como la primera fuerza individual, superando varias proyecciones previas aunque con menor representación que en comicios anteriores. Junto a sus aliados tradicionales de los sectores ultraortodoxos y la ultraderecha, el bloque oficialista suma 53 bancas. Esta cifra resulta insuficiente para alcanzar el umbral mínimo que exige la legislación parlamentaria israelí para investir a un mandatario.
Por su parte, el bloque opositor liderado por Eisenkot y su agrupación Yashar alcanzó 21 escaños, sumando 48 voluntades junto a partidos afines de centro, derecha e izquierda. Este resultado confirma que el desenlace de las elecciones en Israel refleja un electorado profundamente polarizado, donde la conformación de mayorías requiere concesiones sustanciales entre fuerzas con visiones ideológicas distantes.
Ante esta distribución, surgen tres caminos principales para destrabar el escenario institucional. El primero contempla una alianza entre el bloque opositor y los partidos con representación de la minoría árabe, que en conjunto sumaron 19 bancas. Dicha unión alcanzaría 67 parlamentarios, aunque enfrenta reparos internos debido a las diferencias históricas y de seguridad nacional existentes entre sus integrantes.
Las opciones de coalición para destrabar la Knesset
Una alternativa explorada en los análisis políticos consiste en estructurar un gabinete de minoría respaldado desde fuera por legisladores árabes. Para prosperar en la votación de investidura, este esquema requeriría al menos seis votos favorables complementarios para superar el recuento opositor. No obstante, la viabilidad de un compromiso legislativo sin cargos ministeriales genera dudas sobre la estabilidad cotidiana del futuro gobierno.
La segunda vía radica en un gobierno de unidad nacional entre el Likud de Netanyahu y las fuerzas moderadas de Eisenkot, Naftali Bennett y Yair Lapid. Si se suma Yisrael Beytenu de Avigdor Liberman, esa conjunción agruparía 66 parlamentarios. Pese a la solidez numérica, la coexistencia entre Netanyahu y sus detractores directos presenta profundos obstáculos éticos y personales declarados durante la campaña.
Un tercer escenario reside en el traspaso individual de parlamentarios o el cambio de postura de agrupaciones específicas. En la dinámica parlamentaria israelí, las deserciones estratégicas han definido gabinetes anteriores. Tanto el oficialismo como la oposición podrían tantear a diputados disidentes o intentar captar a los partidos religiosos tradicionales para consolidar una mayoría operativa.
El rol decisivo de las agrupaciones árabes y los ultraortodoxos
El notable avance de las agrupaciones árabes, con la Lista Conjunta y el partido Raam, alteró las proyecciones electorales habituales. Su respaldo o abstención condicionará directamente la viabilidad de cualquier propuesta opositora, situando a sus dirigentes en una posición de influencia inédita en las negociaciones previas.
Del lado religioso, agrupaciones como Shas y Judaísmo Unido de la Torá mantienen reservas frente a las exigencias de reclutamiento militar que promueven sectores opositores. La resolución de este debate será decisiva de cara a evitar que las elecciones en Israel se repitan en un plazo cercano, un fenómeno que ya llevó a la ciudadanía a votar en cinco ocasiones consecutivas entre 2019 y 2022.
Datos clave
- Distribución de escaños: El bloque afín a Netanyahu sumó 53 bancas y la oposición judía alcanzó 48, lejos del umbral de 61 diputados.
- Fuerzas individuales: El partido Likud obtuvo 26 escaños, seguido por la formación Yashar de Eisenkot con 21 representantes.
- Participación árabe: Las agrupaciones Raam y Lista Conjunta reunieron 19 bancas parlamentarias en una jornada electoral histórica.
- Vías de gobernabilidad: Los escenarios proyectados incluyen acuerdos transversales, un gobierno de unidad nacional o deserciones parlamentarias individuales.






