El sistema de educación especial en Cuba enfrenta severas dificultades para sostener sus actividades diarias debido a los prolongados cortes de electricidad y al desabastecimiento generalizado en la isla. En la ciudad de La Habana, el Colegio Abel Santamaría para Ciegos continúa funcionando en condiciones extremas marcadas por apagones que superan las dieciocho horas continuas. Esta institución brinda formación escolar y acompañamiento a menores con baja visión y ceguera total en un contexto de escasez de insumos básicos.
Los cortes constantes de energía impactan de manera directa en los alumnos con disminución visual, quienes requieren una iluminación adecuada y constante para trabajar en sus cuadernos y distinguir materiales pedagógicos. Ante la falta de fluido eléctrico, el plantel docente recurre a la reubicación de pupitres hacia patios y pasillos para aprovechar la iluminación natural que ingresa por los ventanales de las instalaciones.
Adaptaciones docentes frente a la falta de energía
Las interrupciones en el suministro obligaron a replantear la rutina pedagógica en la escuela capitalina, donde actualmente concurren cuarenta y cuatro estudiantes matriculados. La profesora Maria Josefa Vegas, integrante del cuerpo docente especializado, colabora cotidianamente en la reorganización de las tareas para que los escolares no pierdan horas de aprendizaje. La falta de energía eléctrica impide el empleo de lámparas focalizadas y equipos tecnológicos de apoyo.
Para contrarrestar la oscuridad de las aulas, las maestras trasladan los ejercicios prácticos a los sectores mejor iluminados del edificio durante las horas diurnas. Según explicó la educadora Bec, pese a las limitaciones existentes, el colegio representa el entorno más adecuado para dotar a los niños de los conocimientos y habilidades indispensables para su desarrollo cotidiano. La interacción con sus pares y el estímulo temprano resultan determinantes para su autonomía personal.
Escasez de suministros y reducción de jornadas
El funcionamiento de la educación especial en Cuba padece la carencia de materiales didácticos elementales, tales como papel especial para escritura Braille, anteojos recetados y elementos de estimulación sensorial. Esta situación se agrava por las dificultades en el abastecimiento de combustible en la isla caribeña, lo que generó modificaciones en la logística de transporte escolar que traslada a los alumnos hasta el establecimiento.
Frente al déficit de carburante, las autoridades del colegio debieron acortar el calendario de asistencia presencial a cuatro jornadas semanales. Diversos centros educativos especiales de la isla han debido recurrir a modalidades a distancia o a la colocación de paneles solares para sostener parte de sus rutinas. Pese a estas barreras operativas, los profesores mantienen disciplinas como el judo, donde jóvenes como Brian Jesus Enoa y Walter Daniel Jouvel entrenan bajo la guía del instructor Carlos Manuel utilizando únicamente la luz solar.
Contexto institucional de la educación especial en Cuba
De acuerdo con datos oficiales provistos por las autoridades cubanas, existen trescientas treinta instituciones dedicadas a la formación diferenciada en todo el territorio insular. Estas entidades atienden a miles de niños y jóvenes con diversas discapacidades motrices, auditivas, visuales e intelectuales. La profunda contracción económica que atraviesa el país caribeño restringe la capacidad de mantenimiento de la infraestructura escolar y la adquisición de repuestos o herramientas importadas.
El gobierno cubano atribuye la agudización del desabastecimiento y la falta de combustible al endurecimiento de las medidas coercitivas y las sanciones financieras aplicadas por la administración estadounidense de Donald Trump. Por su parte, organismos dependientes de las Naciones Unidas han calificado en reiteradas ocasiones las medidas de bloqueo económico como violatorias de los derechos humanos de la población civil cubana. Mientras el escenario energético continúa siendo frágil, los educadores procuran preservar los espacios escolares como refugio para la formación de los sectores más vulnerables.
Datos clave
- El Colegio Abel Santamaría de La Habana mantiene clases para cuarenta y cuatro alumnos con ceguera o baja visión pese a cortes de luz diarios de más de dieciocho horas.
- La escasez de combustible forzó a la institución a reducir las jornadas escolares presenciales a cuatro días por semana para poder sostener el transporte.
- Faltan insumos esenciales como papel para sistema Braille y lentes adaptados, por lo que docentes trasladan a los niños a pasillos y ventanas para aprovechar la luz natural.
- Más de trescientas escuelas de formación especial continúan operativas en la isla bajo severas limitaciones de servicios e infraestructura.






