La crisis hotelera en Cuba se manifiesta con fuerza en los establecimientos históricos de Holguín, donde usuarios reportan cortes continuos de agua, averías generalizadas y tarifas inconsistentes. La falta de mantenimiento preventivo y de insumos básicos en las instalaciones estatales perjudica a los viajeros locales. Mientras los inmuebles tradicionales se degradan, las inversiones gubernamentales priorizan los polos de playa dedicados al turismo internacional.
Falta de agua y cobros irregulares en habitaciones
Los testimonios de los huéspedes reflejan deficiencias operativas en los alojamientos del casco urbano. En el hotel Don José, usuarios como Miguel Suárez denunciaron variaciones de precios sin respaldo formal, con cobros que oscilan entre 750 y 2.500 pesos cubanos por noche. Además, el usuario relató exigencias de pagos superiores a las tarifas fijadas y la obligación de consumir alimentos de baja calidad en dependencias anexas.
Una situación similar ocurre en el hotel Turquino, antes denominado Tauler, señalado por clientes como el establecimiento más deteriorado de la localidad. Las quejas recopiladas describen cuartos sin suministro hídrico regular, ventiladores dañados y equipos de climatización ruidosos que no enfrían las estancias. Estas fallas evidencian la ausencia de reparaciones en las redes eléctricas e hidráulicas durante décadas de administración estatal.
En el hotel Majestic, las habitaciones conservan mejores condiciones técnicas, pero el abastecimiento de agua corriente continúa sin resolverse. Quienes se hospedan en el lugar deben acarrear baldes por las escaleras para satisfacer sus necesidades básicas de higiene. Al mismo tiempo, las limitaciones de estancia impuestas por las oficinas de reservas restringen el tiempo de estadía para desviar la demanda hacia otros centros en peor estado.
El impacto de la crisis hotelera en Cuba en el patrimonio urbano
La pérdida de capacidad habitacional urbana reduce de forma progresiva la memoria arquitectónica de la ciudad. Holguín disponía en enero de 1959 de unos 17 hoteles y cerca de 200 habitaciones, consolidando una tradición hostelera que comenzó en 1820 con la fonda La Viajera. Con la apertura de la Carretera Central en 1931, estos inmuebles acogieron el tráfico comercial y administrativo de la región oriental.
El paso del tiempo y la falta de inversiones estructurales dejaron fuera de servicio a varios edificios reconocidos. El hotel Praga, antiguamente conocido como Patayo, permanece clausurado desde hace varios años debido a remodelaciones inconclusas y al desmantelamiento de sus elementos de carpintería. Otro ejemplo es el hotel Los Ángeles, el cual fue reconvertido en soluciones de vivienda para empleados del sector comercial local.
De acuerdo con fuentes laborales del rubro, la crisis hotelera en Cuba relegó a los hoteles citadinos frente al desarrollo de complejos costeros iniciado entre 1980 y 1990. Sin financiamiento para cubiertas, estructuras ni sistemas sanitarios, el casco histórico perdió el brillo que caracterizó a sus fundaciones del siglo pasado.
Dolarización turística frente al salario de los ciudadanos
Frente al declive de la red en moneda local, el sector estatal rehabilitó instalaciones bajo la marca Hoteles E, entre ellas el Saratoga, el Caballeriza y el Esmeralda. Sin embargo, estas opciones exigen pagos en moneda extranjera con costos que van desde los 40 hasta los 60 dólares por noche. Esta modalidad deja fuera del alcance a la población común que percibe ingresos en pesos.
Para la ciudadanía trabajadora, las alternativas en moneda nacional continúan siendo la única vía de hospedaje accesible, pese a las precarias condiciones de salubridad y confort. La brecha económica entre los polos turísticos internacionales y los servicios urbanos profundiza la crisis hotelera en Cuba, dejando un patrimonio arquitectónico en peligro de colapso y un servicio cada vez más deficiente para los usuarios locales.
Datos clave
- Deterioro de servicios básicos: Los huéspedes enfrentan falta de agua corriente, roturas de climatización y equipos dañados en edificios céntricos como el Turquino y el Majestic.
- Tarifas arbitrarias: Se reportan cobros sin criterios transparentes que oscilan entre 750 y 2.500 pesos cubanos, acompañados de cobros indebidos en recepción.
- Inmuebles fuera de servicio: Antiguos referentes como el hotel Praga continúan clausurados por obras inconclusas, mientras otros edificios fueron transformados en viviendas.
- Brecha de divisas: La recuperación de inmuebles bajo la marca Hoteles E impone cobros en dólares de hasta 60 USD por noche, inaccesibles para quienes cobran en pesos.






