La crisis habitacional en Cuba encuentra uno de sus reflejos más visibles en el deterioro extremo del edificio Riomar, un complejo residencial ubicado en la costa de La Habana. Levantado a finales de la década de 1950 como un símbolo de confort moderno, la estructura sufre hoy un abandono generalizado mientras decenas de personas ocupan sus departamentos en condiciones de extrema precariedad, en medio del colapso de los servicios esenciales.
Del esplendor residencial al abandono estructural
El inmueble comenzó su edificación en 1957 sobre la calle Primera, dentro del exclusivo barrio de Miramar, bajo el diseño del arquitecto Cristóbal Martínez Márquez. El proyecto contemplaba una estructura de once plantas y 201 apartamentos distribuidos en cinco bloques independientes, equipados originalmente con elevadores y áreas sociales. Antes de la entrega, los propietarios tenían la potestad de seleccionar terminaciones interiores según sus preferencias personales.
Tras la promulgación de la Ley de Reforma Urbana en 1960, el Estado cubano modificó el destino del complejo para hospedar a técnicos de otros países, personal administrativo y refugiados políticos. Más adelante, hacia el año 2001, las autoridades consideraron un proyecto de remodelación para convertirlo en un centro administrativo corporativo, iniciativa que jamás llegó a ejecutarse. Desde entonces, el salitre marino, los ciclones tropicales y la falta total de mantenimiento aceleraron el colapso paulatino de sus paredes y techos.
La crisis habitacional en Cuba y el declive urbano
La ocupación irregular del Riomar responde a la agudización de la crisis habitacional en Cuba, donde miles de familias carecen de alternativas formales de vivienda. Quienes habitan los restos del complejo deben lidiar a diario con la ausencia de un suministro constante de agua corriente y frecuentes cortes de energía eléctrica. La imagen de este gigante deteriorado sobre la costa habanera contrasta de forma directa con la opulencia de su concepción original.
Este panorama urbano convive con una profunda recesión general que golpea con fuerza a la población local. Las dificultades cotidianas incluyen la escasez crítica de combustibles, el desabastecimiento de alimentos de primera necesidad y extensas jornadas de cortes energéticos que paralizan tanto las actividades domésticas como las comerciales en diversas localidades de la isla.
Caída del turismo y restricciones económicas
El debilitamiento de la infraestructura habitacional coincide con un retroceso significativo en el sector turístico, principal motor para la captación de divisas internacionales en la economía insular. De acuerdo con los registros de la Oficina Nacional de Estadística e Información, entre enero y agosto de 2026 arribaron a la isla 450.353 visitantes extranjeros, lo que significó un descenso del 64,4 % en comparación con igual ciclo del año precedente.
La reducción en el flujo de viajeros limita las posibilidades de financiamiento público para proyectos de restauración urbana y mantenimiento de inmuebles públicos. Sin ingresos frescos para obras comunitarias, la persistente crisis habitacional en Cuba empuja a más ciudadanos a pernoctar en construcciones declaradas inhabitables o con peligro de desprendimiento estructural.
Datos clave
- Inmueble histórico: Diseñado en 1957 por Cristóbal Martínez Márquez, el edificio Riomar poseía 11 pisos y 201 departamentos repartidos en cinco módulos.
- Deterioro habitacional: Familias residen en la estructura sin provisión regular de agua ni energía eléctrica, enfrentando el avance del salitre y la erosión climática.
- Planes truncos: Tras su expropiación en 1960 bajo la Ley de Reforma Urbana, un intento por transformarlo en oficinas comerciales en 2001 fracasó por completo.
- Caída turística: La Oficina Nacional de Estadística e Información reportó la llegada de 450.353 turistas entre enero y agosto de 2026, una merma del 64,4 % interanual.






