La prolongada crisis en Cuba genera un escenario insólito donde tener dinero suficiente no garantiza poder comprar alimentos básicos para el hogar. Un reciente testimonio del comunicador Kamil Kenders en el medio Havana Times reveló las dificultades extremas que sufren los ciudadanos para adquirir productos indispensables. El cronista relató cómo le resultó imposible comprar carne de pollo para un pariente con problemas de salud pese a contar con fondos en varios formatos.
La odisea para adquirir un paquete de pollo
Kenders describió que debió recorrer numerosos establecimientos de su distrito antes de dar con un paquete de diez libras de pollo. La pieza costaba 8.800 pesos de la moneda nacional, una cifra exorbitante que equivale a más de 366 dólares según cotizaciones oficiales de referencia. Para intentar costear la compra, el usuario disponía de 5.000 pesos en billetes físicos, un saldo activo en tarjeta bancaria y un billete de veinte dólares estadounidenses.
Sin embargo, los responsables del comercio rechazaron tanto la transferencia bancaria mediante aplicaciones móviles como la entrega de divisa extranjera en mano. El comprador propuso abonar la diferencia pendiente a través de Transfermóvil, la plataforma telefónica más difundida dentro del país, pero el negocio declinó de plano esa posibilidad. De este modo, la operación mercantil se frustró completamente ante la inflexible postura sobre los métodos de cobro requeridos.
El impacto de la crisis en Cuba sobre el consumo diario
Este episodio ilustra el fuerte impacto de la crisis en Cuba sobre las actividades rutinarias de la población trabajadora. Aunque los salarios y pagos formales se acreditan con puntualidad en cuentas de ahorro, los beneficiarios enfrentan el problema de cajeros automáticos vacíos o averiados. Conseguir billetes en las entidades financieras del Estado demanda hacer filas extensas durante varias horas y soportar límites estrictos en las sumas que se autoriza retirar.
Por su parte, diversos negocios particulares deciden no aceptar transferencias bancarias porque temen que las operaciones digitales dejen registros fiscales o compliquen el control directo de su recaudación. Esta fragmentación de criterios comerciales fuerza a los clientes a caminar barrios enteros no solo en busca de los productos que necesitan, sino de vendedores dispuestos a recibir el medio de pago específico que ellos llevan en el bolsillo.
Desabastecimiento y barreras financieras para las familias
El obstáculo sufrido en la adquisición del alimento proteico no es un hecho aislado, sino una realidad extendida hacia otros rubros vitales como los fármacos, los artículos de aseo y la leche. Las distorsiones estructurales del mercado generan que tener ingresos no equivalga a poseer capacidad real de consumo. Los compradores se ven obligados a invertir gran parte de su jornada diaria en averiguar las reglas cambiarias de cada establecimiento comercial.
El testimonio de Kenders refleja la impotencia generalizada ante el avance de la crisis en Cuba que degrada continuamente la subsistencia familiar. Aquellos ciudadanos que deben cuidar de personas enfermas o de adultos mayores quedan frecuentemente desamparados frente a un esquema que no brinda soluciones prácticas. La falta de integración entre las normativas de la banca pública y la actividad de los comercios privados agudiza la vulnerabilidad colectiva.
Datos clave
- Dinero sin valor práctico: Un periodista no pudo comprar pollo para una sopa medicinal a pesar de disponer de billetes, saldo bancario y dólares.
- Precio inalcanzable: El paquete de diez libras de carne costaba 8.800 pesos cubanos, una suma desproporcionada frente al ingreso ordinario.
- Rechazo a lo digital: El negocio declinó cobrar mediante la plataforma telefónica Transfermóvil y también rehusó admitir billetes de moneda extranjera.
- Falta de efectivo: Los cajeros automáticos vacíos y las restricciones en sucursales bancarias impiden retirar los salarios depositados en tarjetas.






