La profunda crisis en Cuba transformó la estructura de miles de hogares donde personas mayores deben asumir solas el cuidado de niños pequeños tras la emigración forzada de sus progenitores. El caso de Adela Fuentes Valdés, una exdocente jubilada de 71 años residente en el municipio de Centro Habana, refleja el drama de quienes quedan a cargo de menores en un contexto de persistente desabastecimiento y colapso de los servicios esenciales.
Fuentes Valdés tiene bajo su tutela a sus dos nietas, Angélica y Paula, luego de que su única hija decidiera emprender viaje al exterior junto a su pareja para buscar mejores horizontes. La menor de las niñas tenía menos de dos años al momento de la partida y presentaba complicaciones de salud, motivo por el cual no pudo viajar. Para costear la travesía migratoria, el núcleo familiar tuvo que vender la vivienda que perteneció al difunto esposo de la educadora, según documentó una investigación del Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe.
Cortes eléctricos diarios y falta de fármacos
La cotidianidad de la familia depende por completo del régimen de energía eléctrica. La ausencia de refrigeración constante fuerza a la jefa de hogar a conseguir exclusivamente lo que se consume en la jornada, situación que altera la conservación de la comida y la administración del agua potable en Centro Habana.
A las complicaciones energéticas se suma la escasez de insumos en el sistema público de salud. Fuentes Valdés padece hipertensión y debe recurrir a canales no oficiales para conseguir sus tratamientos, donde los precios escapan a los ingresos de su pensión. Para racionar las pastillas, la mujer toma media dosis de lo indicado por los médicos, lo que ya le generó cuadros de descompensación física.
El peso de las remesas y la red de sostén familiar
El aporte económico que recibe del exterior resulta marginal ante el avance del costo de vida. El padre de una de las menores reside en Ecuador y transfiere periódicamente 2.500 pesos cubanos, una cifra equivalente a 3,21 dólares que apenas alcanza para costear alimentos puntuales como las meriendas escolares.
En este escenario marcado por la crisis en Cuba, la responsabilidad del cuidado recae casi en su totalidad sobre mujeres de la tercera edad que carecen de relevo generacional. Muchas abuelas experimentan un fuerte desgaste emocional y físico al encarar solas la crianza, al tiempo que lidian con el duelo por la lejanía definitiva de sus seres queridos.
La crisis en Cuba y el dilema de los subsidios
El panorama doméstico enfrenta mayor incertidumbre por las reformas gubernamentales en curso. En junio de 2026, la Asamblea Nacional del Poder Popular impulsó un paquete de 176 transformaciones destinadas a reemplazar los subsidios universales de la histórica libreta de abastecimiento por esquemas de ayuda directa focalizados en sectores vulnerables.
Aunque las disposiciones oficiales anuncian asistencia para comedores comunitarios y jubilados, las familias no saben con certeza si calificarán para ingresar a los nuevos programas de apoyo estatal. Fuentes Valdés manifestó su temor a perder los pocos productos regulados que aún llegan a su mesa mientras intenta proteger la estabilidad de sus dos nietas.
Datos clave
- Adela Fuentes Valdés, jubilada de 71 años, cuida en solitario a sus nietas de 10 y cerca de 2 años en Centro Habana tras la partida de su hija.
- La familia vendió su inmueble para reunir el dinero necesario que financió el traslado migratorio de la madre y su pareja.
- La falta de refrigeración por cortes de luz y la carencia de antihipertensivos en farmacias estatales obligan a fraccionar dosis y comprar alimentos al día.
- El traspaso de subsidios universales a focalizados, aprobado por la Asamblea Nacional, genera inquietud sobre el acceso a la canasta básica.






