La crisis alimentaria en Cuba mantiene desprovista a la red de comercio minorista del Estado en La Habana, donde varios recintos barriales comenzaron el mes de octubre sin mercancías para la población. Los reportes emitidos por la televisión estatal y difundidos por medios independientes revelaron que los suministros subsidiados han llegado de manera casi nula durante los últimos meses.
Desabastecimiento crítico en los comercios estatales
El testimonio de una trabajadora con diez años de antigüedad al frente de un local habanero evidenció el deterioro del abastecimiento básico. La encargada relató ante las cámaras del Canal Caribe que en agosto únicamente ingresaron paquetes de cigarrillos a su establecimiento comercial.
Durante septiembre, el único producto entregado consistió en una partida de frijoles proveniente de una donación externa. Al iniciarse octubre, los mostradores y estantes permanecían totalmente vacíos, reflejando el colapso logístico en la capital del país caribeño.
Impacto de la crisis alimentaria en Cuba y la libreta
La marcada escasez coincide con sucesivos recortes en la cartilla de racionamiento que el régimen formalizó a mediados de año. Este esquema subsidiado, implementado hace décadas para otorgar cuotas mensuales mínimas a las familias, ha reducido drásticamente su oferta por falta de inventario.
Diversos analistas advierten que las fallas de la crisis alimentaria en Cuba castigan con mayor intensidad a los sectores vulnerables que dependen en exclusiva de los ingresos oficiales. Sin la llegada regular de víveres a las bodegas, la subsistencia diaria se ha transformado en un desafío constante para jubilados y empleados estatales.
Tiendas comunitarias frente al poder adquisitivo
En respuesta a la parálisis en los puntos tradicionales, el Ministerio de Comercio Interior dispuso la habilitación de veinticuatro establecimientos vecinales gestionados por emprendimientos privados y cooperativas. La iniciativa oficial contempla supuestos descuentos de entre el 10% y el 15% respecto a otros negocios particulares, junto con beneficios impositivos para sus operadores.
Pese a esta medida, la ciudadanía expresó su disconformidad con las tarifas fijadas en esos recintos. En los testimonios recabados por la prensa se constató que un kilo de azúcar traída del exterior cuesta 1.330 pesos cubanos, mientras que una bandeja de huevos alcanza los 4.390 pesos, cifras incompatibles con los sueldos habituales.
Caída de ingresos y alta dependencia externa
El salario mínimo en el territorio insular equivale a menos de cinco dólares según la cotización del mercado cambiario informal, donde el billete estadounidense rondó los 700 pesos. En contraposición, el costo estimado de la cesta básica de víveres para una familia supera ampliamente los 96.000 pesos.
Esta situación acentúa la gravedad de la crisis alimentaria en Cuba, dado que la nación adquiere en el mercado internacional cerca del 80% de la comida que requiere. La contracción del agro local y la escasez de divisas limitan severamente las compras externas del Estado.
Los informes del Food Monitor Program calcularon que más del 96% de los habitantes carecía de acceso adecuado a comestibles en 2026. Asimismo, sondeos sociales recientes indicaron que un tercio de los hogares pasó hambre y redujo drásticamente el consumo diario de cenas.
Datos clave
- Comercios vacíos: Bodegas estatales de La Habana completaron semanas recibiendo únicamente cigarrillos y legumbres donadas, sin stock al comenzar octubre.
- Precios inaccesibles: Los nuevos mercados vecinales venden insumos como el azúcar y los huevos a valores que absorben casi la totalidad del sueldo mínimo.
- Déficit estructural: La isla importa cerca del 80% de los alimentos que consume, en un contexto de aguda falta de divisas e inflación.






