La contaminación lumínica submarina representa una severa amenaza ecológica para las costas de Europa, según reveló una investigación internacional difundida en la revista especializada Ocean & Coastal Management. El informe advierte que más del setenta por ciento del litoral en el Mediterráneo occidental experimenta niveles críticos de radiación artificial durante la noche. Esta situación expone a organismos marinos vulnerables a un desbalance permanente en sus funciones vitales.
El estudio analizó la propagación de la claridad procedente de ciudades costeras, complejos portuarios e instalaciones petroleras marítimas. Dicha radiación penetra en el agua y perjudica los ciclos de especies que necesitan oscuridad para alimentarse, desplazarse y completar sus etapas reproductivas.
Un marco científico ante el avance de las luces costeras
El análisis internacional elaboró por primera vez una metodología técnica orientada a clasificar el impacto lumínico en los ecosistemas acuáticos europeos. Para calcular esta afectación, los científicos cruzaron datos sobre la potencia lumínica de las ciudades costeras, la transparencia del agua y las características de las zonas evaluadas.
El equipo examinó tanto la columna de agua, conocida como entorno pelágico, como las profundidades del lecho marino, denominadas zonas bentónicas. Los expertos fijaron una referencia preventiva de 0,1 microvatios por metro cuadrado, magnitud mínima en la cual pequeños crustáceos pertenecientes al género Calanus muestran alteraciones en su conducta habitual.
Los mares europeos con mayor índice de vulnerabilidad
De acuerdo con los resultados publicados, las cuencas marítimas rodeadas por tierra presentan los niveles más elevados de peligro. En el mar Adriático, el cincuenta y seis por ciento de la franja costera de hasta diez kilómetros fue catalogada bajo riesgo crítico para la vida pelágica.
Por su parte, el Mediterráneo occidental alcanzó un alarmante setenta y tres por ciento de afectación en su litoral. En contraste, las zonas abiertas de Macaronesia, junto a los mares de Barents y de Islandia, evidenciaron los índices más bajos. No obstante, las infraestructuras de gas y petróleo ubicadas en el mar del Norte generan focos concentrados de contaminación lumínica submarina en pleno océano abierto.
Expansión del sistema LED y desajustes en la biodiversidad
La creciente presencia de iluminación LED profundiza notablemente las alteraciones biológicas en el océano. Este tipo de tecnología abarcaba solo un dos por ciento del mercado global en 2012, ascendió al cuarenta y ocho por ciento hacia 2019 y podría representar el ochenta y siete por ciento para el año 2030.
El inconveniente radica en que los dispositivos LED emiten intensas longitudes de onda en el espectro azul. Esta tonalidad se propaga con mayor facilidad bajo el agua y coincide con los rangos ópticos que diversas especies utilizan para orientarse. Entre los procesos más perjudicados figuran la migración vertical diaria de biomasa marina, la sincronía reproductiva de los arrecifes de coral y el correcto asentamiento de larvas.
Propuestas de mitigación y reformas normativas en Europa
Frente a este escenario, los especialistas reclaman que las autoridades comunitarias integren directrices específicas en la revisión de la Directiva Marco sobre la Estrategia Marina de la Unión Europea. Esta regulación, promulgada en 2008, abordó la introducción de energía en los mares pero centró sus restricciones en el ruido submarino, dejando de lado la radiación luminosa.
Científicos de las universidades de Plymouth y Pisa sostienen que las regiones con alta afluencia turística deben implementar medidas urgentes. Entre las opciones recomendadas destacan el blindaje físico de reflectores, la moderación en la potencia de iluminación, apagados parciales nocturnos y la creación de reservas de oscuridad insulares para amortiguar el efecto de la contaminación lumínica submarina.
Datos clave
- Impacto costero crítico: El 73 % de la franja marítima costera en el Mediterráneo occidental y el 56 % en el mar Adriático padecen riesgo elevado de alteración lumínica.
- Sensibilidad biológica: La investigación adoptó el umbral de 0,1 microvatios por metro cuadrado, nivel mínimo que modifica el comportamiento de pequeños crustáceos marinos.
- Rápida adopción del LED: Esta tecnología emisora de luz azul creció del 2 % global en 2012 a casi el 50 % reciente, proyectándose al 87 % para finales de la década.
- Vacío regulatorio: Los investigadores exigen incorporar parámetros sobre la luz nocturna en la actualización de la Directiva Marco sobre la Estrategia Marina europea.






