La repercusión política tras la resolución judicial del caso Hernán Rivas provocó una serie de reacciones en el ámbito legislativo paraguayo. El senador colorado Silvio Ovelar calificó de farsa y bochorno el proceso que derivó en la condena a ocho años de cárcel para el exparlamentario por la producción y uso de documentos públicos de contenido falso. Ante este desenlace, el legislador sostuvo que el Congreso y sus integrantes tienen el deber ético de reconocer los fallos institucionales.
Expresiones de autocrítica en la Cámara Alta
Ovelar manifestó que la gravedad de lo acontecido obliga a realizar una revisión profunda y a asumir responsabilidades políticas directas. Desde su perspectiva, resulta fundamental pedir perdón formal a la población paraguaya por haber avalado a una figura que carecía de la formación profesional acreditada para cargos de alta relevancia.
En sus declaraciones ante los medios de comunicación en Asunción, el parlamentario subrayó que el engaño no alcanzó únicamente a los miembros del Congreso Nacional. Mencionó que destacados juristas y exministros de la Corte Suprema de Justicia también confiaron en la validez de los documentos presentados en su momento por Rivas.
Según explicó el legislador, la estafa documental contó con un respaldo administrativo previo que facilitó la legitimación de los papeles cuestionados. El dirigente colorado puntualizó que el título académico presentado disponía de la legalización otorgada por el Ministerio de Educación y Ciencias, lo que debilitó los filtros internos del cuerpo legislativo.
El rol de los organismos de control académico
La certificación de títulos universitarios en Paraguay corresponde al Ministerio de Educación y Ciencias, entidad encargada de registrar los diplomas expedidos por las instituciones de educación superior. Esta dependencia revisa la documentación formal antes de estampar las firmas y sellos que otorgan validez oficial al ejercicio profesional en la República.
El senador insistió en que esta aparente regularidad administrativa indujo al error a las autoridades que compartieron espacios de decisión con el excongresista. Por esa razón, Ovelar afirmó que tanto él en carácter personal como la Cámara de Senadores en su conjunto deberían extender disculpas institucionales por no haber advertido las irregularidades a tiempo.
El impacto del caso Hernán Rivas en las instituciones
La trayectoria del exlegislador generó controversia desde su designación como representante parlamentario ante el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados. Dicho órgano constitucional tiene la delicada tarea de evaluar el desempeño, enjuiciar y eventualmente destituir a jueces y fiscales en todo el territorio de la República del Paraguay.
Para integrar ese colegiado, la Constitución Nacional exige de forma obligatoria el título de abogado, requisito que colocó al caso Hernán Rivas en el centro del debate público y jurídico nacional. La confirmación en sede penal sobre la falsedad de sus acreditaciones generó un fuerte cuestionamiento sobre los criterios de control utilizados por los partidos políticos y el Poder Legislativo.
Diversos sectores de la sociedad civil y del ámbito del derecho demandan ahora una reforma en los mecanismos de verificación de idoneidad para cargos públicos sensibles. El desenlace judicial deja al descubierto la necesidad de ajustar los protocolos de designación parlamentaria para evitar que situaciones similares comprometan la credibilidad de los órganos extrapoderes del Estado paraguayo.
Datos clave
- Condena judicial: Hernán Rivas recibió una sentencia de ocho años de pena privativa de libertad por producción y utilización de documentos públicos de contenido falso.
- Pedido de disculpas: El senador Silvio Ovelar planteó que corresponde pedir disculpas a la ciudadanía paraguaya de forma individual y en tanto cuerpo colegiado.
- Aval del MEC: Ovelar enfatizó que la documentación exhibida por el exlegislador contaba con el registro oficial del Ministerio de Educación y Ciencias.
- Afectación institucional: La polémica involucra el paso de Rivas por el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, órgano encargado de sancionar a jueces y fiscales.






