El acceso al carbón en Cuba se ha transformado en un desafío económico crítico para miles de familias que sufren apagones diarios y escasez de gas licuado. Según un informe difundido por la organización independiente Food Monitor Program, adquirir una sola bolsa grande de este combustible sólido puede exigir hasta el 155% de un salario mínimo mensual en la isla.
La entidad no gubernamental advirtió que cocinar alimentos cotidianos requiere ahora una inversión extraordinaria que profundiza la vulnerabilidad alimentaria. La combinación de cortes en el suministro eléctrico y el desabastecimiento de combustibles domésticos tradicionales empujó a la población hacia métodos de cocción arcaicos que no siempre resultan accesibles.
El precio del carbón en Cuba y el impacto salarial
El relevamiento de precios efectuado por el organismo determinó que un saco de combustible vegetal oscila entre los 2.000 y 5.000 pesos cubanos. En el mercado informal de divisas, estos montos representan un rango estimado de entre 2,19 y 5,46 dólares estadounidenses. La variación de las tarifas responde principalmente a la provincia de venta, la calidad del producto y el punto de distribución.
Para quienes perciben la remuneración básica estatal, adquirir el saco de mayor valor significa destinar más de un mes íntegro de trabajo solo al fuego de la cocina. Por su parte, las presentaciones fraccionadas en bolsas pequeñas de nailon rondan los 600 pesos cubanos. Si bien representan un desembolso menor inmediato, su escaso contenido apenas permite preparar un par de raciones y obliga a compras continuas.
Un sobrecosto crítico sobre los alimentos esenciales
Este gasto energético añadido no reemplaza los desembolsos requeridos para conseguir alimentos, sino que encarece de forma directa su preparación en los hogares. Ingredientes indispensables como arroz, porotos, huevos y aceite ya registran alzas severas por la inflación y el desabastecimiento generalizado en el comercio minorista.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Alimentaria elaborada por la organización, el 35% de los hogares encuestados debió emplear carbón o leña para procesar su comida ante la falta recurrente de electricidad y gas. Asimismo, el informe constató que un 80,4% de los participantes enfrentó severos obstáculos para elaborar sus alimentos cotidianos debido a las constantes interrupciones del servicio eléctrico.
El control de las tierras y las trabas a los productores
La comercialización del carbón en Cuba está atravesada además por trabas estructurales que limitan a los pequeños fabricantes independientes. Gran parte de los terrenos boscosos donde proliferan árboles de aroma y marabú, empleados tradicionalmente para la quema y elaboración de brasas, se encuentran bajo control de dependencias estatales.
Los trabajadores dedicados al rubro deben abonar sumas fijas a intermediarios o dueños de parcelas para poder cosechar la madera apta. Según testimonios recogidos por el observatorio, las tierras productivas suelen reservarse para sectores afines a las instituciones gubernamentales. Esta prolongada cadena de intermediarios eleva sustancialmente el precio que paga el consumidor final.
Datos clave
- Impacto salarial: Un saco de combustible vegetal de 5.000 pesos cubanos puede representar hasta el 155% del salario básico estatal.
- Precios en el mercado: Los valores oscilan entre 2.000 y 5.000 pesos por saco, mientras que pequeñas bolsas de nailon rondan los 600 pesos.
- Frecuencia de uso: El 35% de los ciudadanos acudió a la leña o las brasas para cocinar ante la carencia de gas y electricidad.
- Fallas en el suministro: Más del 80% de los hogares reportó serias dificultades para elaborar sus comidas a raíz de los apagones continuos.






