El rápido avance de los hutíes en la costa occidental de Yemen culminó con la toma del estratégico puerto de Mocha y la isla de Perim. La ofensiva de los rebeldes respaldados por Irán se consolidó en menos de dos días, en medio de la falta de respuesta aérea de la coalición liderada por Arabia Saudita y la negativa estadounidense de intervenir directamente.
La pérdida de estas posiciones representa un giro drástico en una guerra que permanecía estancada desde hacía años. Con el control de Perim, situada en el estrecho de Bab el-Mandeb, las fuerzas insurgentes obtienen dominio sobre un paso fundamental por donde circulan millones de barriles de crudo al día rumbo al canal de Suez.
Un colapso defensivo marcado por divisiones internas
Los mandos militares del gobierno yemení solicitaron auxilio aéreo urgente a sus aliados saudíes ante las oleadas continuas de combatientes y misiles balísticos. A pesar de que las autoridades informaron que existía coordinación con el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), las operaciones de cobertura nunca despegaron, sellando el destino de la localidad costera.
Fuentes occidentales revelaron que las filas defensivas estaban profundamente debilitadas por la corrupción administrativa y la presencia de listas con tropas ficticias. La capacidad real de las unidades en el terreno apenas alcanzaba una quinta parte de lo registrado oficialmente, lo que facilitó la arremetida enemiga.
A este cuadro se sumó el vacío operativo dejado por Emiratos Árabes Unidos tras retirar sus tropas meses atrás a pedido de Riad. La falta de un mando unificado y las tensiones entre las distintas facciones antiinsurgentes impidieron articular una resistencia efectiva frente a los movimientos de los combatientes.
Negociaciones fallidas y tensiones en Washington
En el plano diplomático, el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman mantuvo comunicaciones telefónicas con el mandatario Donald Trump para solicitar incursiones militares inmediatas. No obstante, el presidente estadounidense declinó involucrarse de manera directa en los enfrentamientos, priorizando que los actores regionales asuman la conducción de los operativos.
La postura de la Casa Blanca provocó duras recriminaciones entre los socios internacionales, quienes catalogaron la jornada como un fracaso político mayúsculo. La presencia de alrededor de doscientos asesores militares norteamericanos en territorio saudí no alcanzó para evitar la pérdida de los enclaves estratégicos.
Desde Teherán, consejeros del liderazgo iraní celebraron la operación militar y la calificaron como una victoria determinante frente a sus adversarios. Analistas de seguridad advierten que las fuerzas rebeldes preparan nuevos desplazamientos hacia el este del territorio yemení.
Consecuencias globales ante el avance de los hutíes
La consolidación de estas posiciones permite al movimiento armado amenazar la navegación comercial sin recurrir a armamento de alta tecnología. Esta situación genera honda preocupación en los mercados de hidrocarburos debido a la posibilidad de interrupciones prolongadas en el suministro marítimo.
Para países importadores netos como Paraguay, las tensiones en los corredores navales conllevan riesgos directos sobre el valor de los fletes internacionales y el precio final de los combustibles. Un aumento en la cotización del petróleo impacta con rapidez en la inflación interna y en los costos logísticos del comercio exterior paraguayo.
Analistas internacionales anticipan que la velocidad del avance de los hutíes obligará a replantear la estrategia de contención en Medio Oriente, mientras la comunidad marítima busca alternativas para salvaguardar sus cargamentos.
Datos clave
- Pérdida territorial: Las fuerzas insurgentes tomaron el puerto de Mocha y la isla de Perim en menos de 36 horas.
- Control marítimo: La captura asegura dominio táctico sobre el estrecho de Bab el-Mandeb, vía crucial hacia el canal de Suez.
- Falla aliada: Arabia Saudita no envió apoyo aéreo y Estados Unidos rechazó participar en acciones armadas directas.
- Debilidad interna: Tropas locales contaban con nóminas infladas y apenas el 20% de su capacidad operativa real.






