Los severos apagones en Cuba han transformado radicalmente el quehacer cultural en La Habana, donde varios colectivos artísticos decidieron continuar sus funciones pese a la falta generalizada de electricidad. En salas carentes de climatización, audio técnico y focos tradicionales, actores y directores recurren a velas y lámparas a batería para no suspender la cartelera.
Esta situación afecta directamente a compañías como Impulso Teatro, ubicada en el céntrico barrio de El Vedado. Ante las dificultades para el transporte y el evidente cansancio del elenco, su dirección contempló frenar las actividades, pero los intérpretes optaron por sostener las funciones con recursos alternativos.
El impacto de los apagones en Cuba sobre el arte
Las interrupciones del suministro de energía, que suelen prolongarse por varias jornadas consecutivas, alteraron los ensayos y la logística de los recintos escénicos. Para poner en escena obras como "Ensueño", los actores Lizzie Lima y Leodenias Arencibia ensayan y presentan sus números guiados por puntos mínimos de iluminación.
La directora de la agrupación, Linda Soriano, admitió que la puntualidad y el descanso resultan metas casi imposibles para los artistas debido al deterioro del transporte urbano y las noches en vela. Pese a ese agotamiento extremo, la decisión colectiva fue mantener las puertas abiertas para el público que acude a oscuras.
En este contexto adverso, la luz diurna de los ventanales se convirtió en una herramienta clave de trabajo. Intérpretes veteranos como Carlos Pérez, de 88 años, aprovechan los rayos del sol cerca de las ventanas para ejercitar la voz antes de entrar a las salas alumbradas con candelas.
Escasez generalizada y éxodo de artistas
La crisis energética y los constantes apagones en Cuba forman parte de un escenario económico complejo, marcado por el desabastecimiento de alimentos, agua potable y combustibles, además de una depreciación acentuada del peso. Actores, asistentes técnicos y tramoyistas se ven forzados a mantener múltiples empleos para cubrir sus gastos básicos diarios.
A este cuadro se suma la emigración sostenida de profesionales jóvenes desde la pandemia de COVID-19, un fenómeno que redujo notablemente las plantillas de músicos, actores y bailarines en toda la isla. Quienes eligen permanecer intentan resguardar una tradición teatral de larga data en el país caribeño.
La respuesta de los espectadores refleja una búsqueda de alivio espiritual en medio de las dificultades cotidianas. Asistentes a las funciones, como Amanda Feijo, señalan que estas presentaciones en la penumbra aportan un respiro ante la dura realidad social que enfrenta la población cubana.
Para el público de América Latina y de Paraguay, la situación expone la vulnerabilidad de las expresiones artísticas frente a las emergencias energéticas prolongadas, así como la capacidad de las comunidades creativas para adaptarse y mantener vivo su oficio aun en las condiciones más precarias.
Datos clave
- Funciones a oscuras: Grupos teatrales de La Habana sustituyen la iluminación escénica por velas y lámparas recargables ante la falta de corriente.
- Resistencia artística: El elenco de Impulso Teatro decidió continuar con la obra "Ensueño" en El Vedado pese al agotamiento físico y la falta de aire acondicionado.
- Crisis integral: Los cortes eléctricos prolongados coinciden con escasez de combustible, alimentos y una fuerte emigración de artistas jóvenes tras la pandemia.
- Respaldo del público: Los espectadores acuden a las salas sin luz artificial para apoyar la continuidad de una tradición cultural histórica en la isla.






