La adaptación al cambio climático debe convertirse en una prioridad para el sector constructivo de Costa Rica, según advirtieron especialistas de la firma internacional Gensler. Las viviendas, edificios e infraestructuras urbanas requieren ajustes urgentes para soportar eventos extremos como inundaciones, sequías y temperaturas elevadas durante las próximas cinco décadas.
El planteamiento proviene del informe Resilience by Design 2026, elaborado por el Gensler Research Institute. El documento enfatiza que la planificación arquitectónica no puede basarse únicamente en los registros ambientales del presente, sino en las variaciones proyectadas a largo plazo.
Retos climáticos y antecedentes recientes
El territorio costarricense ha registrado fenómenos meteorológicos de consideración que reflejan una creciente vulnerabilidad territorial. En marzo de 2024, el Instituto Meteorológico Nacional reportó una marca de 41 °C en la localidad de Filadelfia, en Guanacaste, mientras que las precipitaciones de noviembre de ese mismo año causaron deslizamientos e inundaciones graves.
A este panorama se añade la influencia de los ciclos globales. Un informe de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos señaló que el fenómeno de El Niño mantiene altas probabilidades de intensificarse, lo cual altera los patrones de lluvia y calor en toda la región.
Criterios técnicos para la adaptación al cambio climático
Fabiola Sánchez, líder regional de Sostenibilidad de la empresa, explicó que los proyectos arquitectónicos deben ser concebidos con proyecciones para los próximos 50 años. Analizar la disponibilidad de agua, la orientación de las estructuras y el comportamiento térmico resulta indispensable antes de colocar el primer cimiento.
La ubicación adecuada de instalaciones críticas y equipos eléctricos permite mitigar pérdidas durante las crecidas de agua. Por otro lado, la incorporación de ventilación cruzada, aleros protectores y recolección de agua de lluvia contribuye a mejorar la habitabilidad frente a temperaturas extremas y temporadas secas.
Beneficio económico de la prevención
El estudio también resalta el impacto financiero de las obras preventivas. Con base en datos de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, cada dólar invertido en mitigación y preparación puede evitar hasta 33 dólares en pérdidas económicas provocadas por desastres posteriores.
Estas medidas no se restringen únicamente a nuevas edificaciones. Las construcciones existentes pueden implementar reformas funcionales destinadas a optimizar el uso de energía, mejorar la circulación del aire y reforzar techos o desagües sin necesidad de una demolición total.
Soluciones urbanas con elementos naturales
Por su parte, Gabriela Molina, directora de Diseño de la firma, subrayó que la infraestructura verde cumple un papel decisivo en ciudades tropicales como San José, donde la humedad suele superar el 80 %. El uso de pavimentos permeables y jardines de lluvia ayuda a retener el agua superficial en episodios de tormentas.
La preservación de árboles adultos y la reforestación de aceras moderan la temperatura en los espacios públicos y facilitan el tránsito peatonal. En este contexto, la adaptación al cambio climático exige un trabajo coordinado entre urbanistas, ingenieros y biólogos para proteger el entorno urbano frente a las futuras crisis meteorológicas.
Datos clave
- Inversión rentable: cada dólar destinado a la prevención puede evitar pérdidas económicas de hasta 33 dólares ante contingencias meteorológicas.
- Visión a largo plazo: las construcciones deben planificarse con proyecciones ambientales calculadas para un periodo de cincuenta años.
- Infraestructura verde: la conservación de árboles y el uso de pavimentos permeables reducen el calor y mitigan inundaciones en urbes tropicales.
- Amenazas directas: el impacto recurrente del fenómeno de El Niño genera sequías severas, precipitaciones intensas y temperaturas récord.






